martes, 11 de abril de 2017

Un regalo para esta Semana Santa (Relatos de Pilar Trapote)

Relatos de Pilar Trapote
2015.03.06


Jamás pensé que llegara a odiarle de esa manera…. .no puedo soportarle,  lo odio hasta un punto inimaginable, su presencia me desagrada y recordar como me gustaba  cuando se acercaba mientras cocinaba y frotaba  cariñosamente su cuerpo contra mi  me exaspera y me repugna,  aunque debo reconocer  que  endulzó mis peores  momentos de soledad,  ahora me enerva su presencia y no soporto sus ronquidos nocturnos …. por la noche en la cama casi no puedo moverme,  si me doy la vuelta  ahí está él,  gordo y pesado como un muro inamovible y si quiero expandirme  un poco tiene que ser dentro del espacio que me deja libre… ¡y sus pedos!… ¡ay,  sus pedos!….le odio de tal manera que cuando le veo engullir con  ansia la comida…,siento deseos de envenenarle y borrarle de mi vida de una vez por todas…
La primera vez que vi a  Pepo, me pareció  simpático y cariñoso, vino con  mi hijo al que le trasladaban en su trabajo durante un tiempo a Panamá y nos solicitó que le atendiéramos  en casa.  A  Eduardo, mi marido no le gustó la idea  pero  por entonces viajaba mucho por motivos laborales , yo pasaba mucho tiempo sola en casa y sobre todo porque nos lo pedía nuestro hijo, accedió .  Era jovencito y a mi me encantó.  Al principio, fué una delicia, la novedad…. alegraba mis días grises y  aburridos,  paseábamos juntos  y creo que hasta rejuvenecí, trataba de enseñarle  las normas de la casa  y el  respondía de forma juguetona y cariñosa a todos mis requerimientos… Cuando yo salía con mis amigas o a realizar cualquier encargo,  volvía a casa con ilusión porque sabía que estaba  esperándome….
Aconteció poco tiempo después que a mi marido le prejubilaron en su empresa, yo anhelaba ese momento, tenía grandes expectativas para entonces, soñaba con viajar, salir…..en una palabra disfrutar  de y con mi marido de la vida.  No éramos muy mayores, estábamos sanos y en buena situación económica , no teníamos dependencia familiar pues mi hijo seguía en el extranjero y ……estaba Pepo.
Al principio, estábamos los tres en casa y  resultaba extraño, Pepo estaba familiarizado conmigo y yo percibía como Eduardo y él se miraban de hito en hito, poco a poco se fue iniciando un acercamiento y debo reconocer que Pepo fue muy hábil ganándose a Eduardo, quién también puso interés en la nueva relación y si bien es cierto que es un hombre que sólo se había dedicado a trabajar, su horario y sus viajes no le permitían realizar otras actividades de ocio, salvo ir de vez en cuando al cine o teatro, de hecho, empezaron a compartir actividades, al principio  cuando yo tenía algún compromiso paseaban juntos,  se lo llevó al pueblo de mis suegros cuando fue a resolver unos asuntos, en fin… hasta que llegaron a  un punto de compenetración entre ambos que yo me sentí absolutamente soslayada, estaban pendientes el uno del otro, daba igual si yo entraba o salía.   Es más, cuando alguna  noches fuimos a cenar con amigos, mi marido  acortaba la sobremesa  alegando que Pepo estaba sólo en casa.



A tal punto llegó la relación que yo pase a ser una molesta ocupante de  espacio, si yo comentaba algo, me daba cuenta de que no se me prestaba la menor atención, no importaba  lo que dijera.   Podía salir a pasear con un traje de noche o desnuda, daba igual. Claramente se puso de manifiesto que mi marido  y yo no teníamos nada que decirnos. 
Cuando Eduardo trabajaba, casi era una alegría el regreso  de los viajes, yo le esperaba ilusionada, compuesta y arreglada como a él le gustaba ,  me contaba  como le  había ido en su viaje, los encuentros amorosos eran de obligado cumplimiento y manteníamos contactos frecuentes  con amigos y cuando el ánimo ya empezaba a sosegarse  de nuevo tenía que marcharse.  
Es tal el cariño que se profesan que se pasan todo el tiempo juntos y yo soy ignorada descaradamente.  El colmo fue cuando mi marido le dejó acceder a nuestra cama, tuvimos una bronca descomunal y me negué rotundamente a admitirlo, pero el muy ladino venía cuando estábamos dormidos, al principio se tumbaba junto a Eduardo a los pies, pero ahora  se tumba en medio de los dos….  ya no es un cachorro, es un mastín grande … ¡que digo!  ¡más que grande y pesado!,  ya ni siquiera intento echarle, Eduardo está encantado…
Con frecuencia calculo el tiempo probable de vida que le queda y no dejo de preguntarme :  cuando se muera…¿Eduardo y yo hablaremos?

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BOTE – ZARZAMORA

Cae la lluvia sobre el asfalto gris. La luz plomiza parece  adelantar aún más el crepúsculo otoñal. El  tráfico es lento, pesado  y ruidoso.  La mujer de mediana edad que acaba de salir del edificio, espera a que terminen de bajar una madre con sus hijos pequeños  del taxi que se ha detenido delante del portal de la avenida y a continuación, se introduce en él.

Una vez dentro del vehículo, el taxista, un hombre de unos 45 años, se vuelve con dejadez hacia la mujer y le pregunta:  “ A donde vamos ?
La mujer se revuelve levemente en el asiento, tensa ligeramente la espalda  y duda antes de contestar:  Dígame una cosa por favor:….  le parezco atractiva?
El hombre sorprendido; se vuelve, la examina  esbozando una media sonrisa y contesta no sin cierta ironía- por supuesto!!

-Como para hacer el  amor conmigo?,  dice ella.

El hombre,  levanta ligeramente la ceja derecha , cambia el gesto y apoya el brazo sobre el respaldo del asiento , asumiendo una posición de superioridad y mientras la mira directamente a los ojos le dice:   -mira guapa, no tolero la prostitución en mi taxi, ya te estas bajando!

- No, no me malinterprete, no soy prostituta, por favor, déjeme que le explique.
Soy  solo un ama de casa , acabo de constatar que mi marido me es infiel y me prometí a mi misma que si esto sucedía. yo le engañaría a él con el primer hombre que se me cruzase. No soy mujer de mundo y no sabría salir a la calle para tal menester. Y usted,  ha surgido de forma providencial en mi camino. Su aspecto es agradable , aseado  y me haría un favor si accediese a mi petición.

El , apaga el motor y la mira inquisidoramente.  Ella se apresura a decir:  no quiero  dinero, le repito que no soy prostituta, solo quiero tener una relación sexual con un hombre que no sea mi marido y no quiero pagar por ello.

-Pero señora!!!... usted está despechada, furiosa y quiere desahogar su rabia y frustración,  cree que esto es como darle una patada a un bote y colarlo en  una alcantarilla, pero no es así.  Lo que quiere hacer  no soluciona el problema. Hable  con su marido, y rompa su matrimonio si es preciso.

En el exterior sigue lloviendo,  la noche ha caído del todo,  las  gotas de agua en los cristales del vehículo  transforman las luces en figuras difuminadas y fantasmagóricas que de alguna manera propician la intimidad en el interior.

-No puedo hacerlo, dice ella…. Yo , quiero a mi marido y  sé que el también me quiere a mi .  Mi marido no sabrá nada y mi vida seguirá igual.  Llevamos casados quince años,  tenemos tres hijos y uno de ellos con una deficiencia que  me  obligó a  dejar mi carrera profesional  y al que dedicaré toda mi vida  por lo que no tengo independencia económica .  En general somos una familia unida y razonablemente feliz….


-Pues no lo entiendo !… dice el taxista.  Qué sentido tiene  la venganza si su marido no se entera …eso no resuelve nada.


-Ya….pero lo sabré yo…. Responde ella.

Por un momento, el hombre levanta la vista por encima de la mujer y mira a través del cristal trasero del vehículo, como si pudiera  ver algo concreto en el exterior. A continuación se da la vuelta y se acomoda en el asiento, pone en marcha el motor del vehículo y conecta la radio.  En ese momento suena la música de la Zarzamora que templa la atmosfera  del habitáculo.


Suavemente , arranca y se sumerge en  el torrente circulatorio perdiéndose en la lejanía .  

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MUSLO DE POLLO

Frente a mi, sentados a la mesa , mastica con ostentosidad, de un bocado casi engulló el muslo de pollo entero sin haber tragado antes todo lo que tenía en la
boca.

Me mira y esboza una sonrisa de satisfacción….esta disfrutando!.  Así era él, dueño de su entorno al que miraba con perspectiva y satisfacción. 

Hacía menos de una hora que había llegado a casa del trabajo, alegre,  pues había
tenido un buen día en el taller y por el olor, deduje  que  había tomado unas cer-
vezas con los compañeros.  Me sorprendió en el pasillo por la espalda y mientras
ponía la mano en mi pecho y me sujetaba con el brazo  derecho, con la otra inició
las maniobras de exploración,  me arrinconó contra la pared y no hubo ni más es-
pacio ni más tiempo.

Entorné ligeramente los ojos mientras le observaba y me pregunté como era posible que estos mismos aconteceres en un tiempo me subyugaran,  que me hicieran sentir la mujer más deseada y valorada del mundo, que me pareciera  el hombre más cariñoso y apasionado, el que siempre había soñado…

No es que me haya engañado, es simplemente que yo no supe ver  tras ese velo de ilusión lo burdo y grosero que era.  No pienso que sea malo, solo inmaduro, como un niño caprichoso que cuando quiere algo utiliza cualquier artimaña para conseguirlo y cuando lo consigue lo saborea fugazmente y lo aparta buscando de nuevo algo que llame de nuevo su atención, que no acepta un no por respuesta y se irrita  cuando se le contraría y sobre todo que el es el centro del universo y dueño de la razón,

La realidad es que el niño mide 1,90 , pesa 102 Kg, y no admite  discusión, se siente atacado si se le lleva la contraria y  no  controla su ira,   tira y rompe lo que hay a su alcance hasta que se desahoga, eso sí , debo reconocer que luego se arrepiente, me pide perdón.  Es que es muy impulsivo,

Estoy segura de que me quiere mucho y hoy esta muy contento,  voy a aprovechar ahora que está relajado y saboreando el postre que le he preparado, su preferido, voy a decirle que le dejo….

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ATARDECER EN EL TEMPLO DE DEBOD…

Para atender la indicación de Lucero, decido acercarme al atardecer al templo para soslayar errores de memoria y al mismo tiempo disfrutar del momento. Accedo al parque por el paso de la calle María Luisa y sigue impresionándome el muro de sacos terreros y la  desgarradora estatua yacente que  recuerdan los caídos en los combates del Cuartel de la Montaña.

Para aliviar el ánimo, decido torcer a la derecha y me acerco al Nabuco , justo en  la esquina donde hace la curva  el paseo Rosales y saboreo  una taza de chocolate  que me sabe a poco.

Vuelvo sobre mis pasos y subo por la escalinata izquierda a la  explanada donde está ubicado el templo,  que conforme aparece  se me antoja desafiante, y  el cielo que durante todo el día ha estado encapotado, luce ahora roto en jirones rojizos.  El viento abre un hueco entre los cedros y de pronto como un toque de timbal el destello de  un rayo de sol hace que  la cúpula de la iglesia de San Marcos, con su revestimiento cerámico de dorados y azules emerja refulgente entre las copas de los árboles y me remonta extasiada a países exóticos.

Comienzo a caminar de nuevo  por          que a mi izquierda,  entre los setos,  unos jóvenes lían unas papelinas y me miran con desconfianza .  Ya en la barandilla del mirador percibo la melodía del atardecer,  como si el cielo en sus mudas notas fuera desgranando una a una la sinfonía en la ciudad.

Distingo el horizonte y paralelo al suelo el filo de las nubes. En medio la luz que aún deslumbra del sol poniente, debajo la bruma grisácea de los árboles.

El Palacio Real, a la izquierda,  va cambiando su tonalidad con acordes monótonos a medida que el sol languidece . Recorro  con la mirada  el Jardín del Moro, las cúpulas de la estación del Norte, casi invisibles por los árboles y hasta donde me alcanza la vista girando al  este.  Ya no se distingue horizonte,  solo la torre de la iglesia de Caná a lo lejos como apoyada en una nube. El sol se ha ido, pero aún se percibe su suspiro.

Cerca de mi, una pareja ajena a mi presencia,  ha seguido como yo el ocaso y se entrega suavemente al ronroneo de las carantoñas.  Los miro… me gusta mirar el querer y los besos, pero me giro  por respeto.

Ante mí, el templo imponente , recorta  su silueta oscura contra el horizonte iluminado de la ciudad y parece querer decir tras dos mil años:  aquí estoy yo!

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