Relatos de Pilar Trapote
2015.03.06
Jamás pensé que llegara a odiarle de esa manera….
.no puedo soportarle, lo odio hasta un
punto inimaginable, su presencia me desagrada y recordar como me gustaba cuando se acercaba mientras cocinaba y
frotaba cariñosamente su cuerpo contra
mi me exaspera y me repugna, aunque debo reconocer que
endulzó mis peores momentos de
soledad, ahora me enerva su presencia y
no soporto sus ronquidos nocturnos …. por la noche en la cama casi no puedo
moverme, si me doy la vuelta ahí está él,
gordo y pesado como un muro inamovible y si quiero expandirme un poco tiene que ser dentro del espacio que
me deja libre… ¡y sus pedos!… ¡ay, sus
pedos!….le odio de tal manera que cuando le veo engullir con ansia la comida…,siento deseos de envenenarle
y borrarle de mi vida de una vez por todas…
La primera vez que vi a Pepo, me pareció simpático y cariñoso, vino con mi hijo al que le trasladaban en su trabajo
durante un tiempo a Panamá y nos solicitó que le atendiéramos en casa.
A Eduardo, mi marido no le gustó
la idea pero por entonces viajaba mucho por motivos laborales
, yo pasaba mucho tiempo sola en casa y sobre todo porque nos lo pedía nuestro
hijo, accedió . Era jovencito y a mi me
encantó. Al principio, fué una delicia,
la novedad…. alegraba mis días grises y
aburridos, paseábamos juntos y creo que hasta rejuvenecí, trataba de
enseñarle las normas de la casa y el
respondía de forma juguetona y cariñosa a todos mis requerimientos…
Cuando yo salía con mis amigas o a realizar cualquier encargo, volvía a casa con ilusión porque sabía que
estaba esperándome….
Aconteció poco tiempo
después que a mi marido le prejubilaron en su empresa, yo anhelaba ese momento,
tenía grandes expectativas para entonces, soñaba con viajar, salir…..en una
palabra disfrutar de y con mi marido de
la vida. No éramos muy mayores,
estábamos sanos y en buena situación económica , no teníamos dependencia
familiar pues mi hijo seguía en el extranjero y ……estaba Pepo.
Al principio, estábamos
los tres en casa y resultaba extraño,
Pepo estaba familiarizado conmigo y yo percibía como Eduardo y él se miraban de
hito en hito, poco a poco se fue iniciando un acercamiento y debo reconocer que
Pepo fue muy hábil ganándose a Eduardo, quién también puso interés en la nueva
relación y si bien es cierto que es un hombre que sólo se había dedicado a
trabajar, su horario y sus viajes no le permitían realizar otras actividades de
ocio, salvo ir de vez en cuando al cine o teatro, de hecho, empezaron a compartir
actividades, al principio cuando yo
tenía algún compromiso paseaban juntos,
se lo llevó al pueblo de mis suegros cuando fue a resolver unos asuntos,
en fin… hasta que llegaron a un punto de
compenetración entre ambos que yo me sentí absolutamente soslayada, estaban
pendientes el uno del otro, daba igual si yo entraba o salía. Es más, cuando alguna noches fuimos a cenar con amigos, mi
marido acortaba la sobremesa alegando que Pepo estaba sólo en casa.
A tal punto llegó la relación que yo pase a ser
una molesta ocupante de espacio, si yo
comentaba algo, me daba cuenta de que no se me prestaba la menor atención, no
importaba lo que dijera. Podía salir a pasear con un traje de noche o
desnuda, daba igual. Claramente se puso de manifiesto que mi marido y yo no teníamos nada que decirnos.
Cuando Eduardo trabajaba, casi era una alegría el
regreso de los viajes, yo le esperaba
ilusionada, compuesta y arreglada como a él le gustaba , me contaba
como le había ido en su viaje,
los encuentros amorosos eran de obligado cumplimiento y manteníamos contactos
frecuentes con amigos y cuando el ánimo
ya empezaba a sosegarse de nuevo tenía
que marcharse.
Es tal el cariño que se profesan que se pasan todo
el tiempo juntos y yo soy ignorada descaradamente. El colmo fue cuando mi marido le dejó acceder
a nuestra cama, tuvimos una bronca descomunal y me negué rotundamente a
admitirlo, pero el muy ladino venía cuando estábamos dormidos, al principio se
tumbaba junto a Eduardo a los pies, pero ahora
se tumba en medio de los dos…. ya
no es un cachorro, es un mastín grande … ¡que digo! ¡más que grande y pesado!, ya ni siquiera intento echarle, Eduardo está
encantado…
Con frecuencia calculo el tiempo probable de vida
que le queda y no dejo de preguntarme :
cuando se muera…¿Eduardo y yo hablaremos?
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BOTE – ZARZAMORA
Cae la lluvia sobre el asfalto gris. La
luz plomiza parece adelantar aún más el
crepúsculo otoñal. El tráfico es lento,
pesado y ruidoso. La mujer de mediana edad que acaba de salir
del edificio, espera a que terminen de bajar una madre con sus hijos pequeños del taxi que se ha detenido delante del portal
de la avenida y a continuación, se introduce en él.
Una vez dentro del vehículo, el taxista,
un hombre de unos 45 años, se vuelve con dejadez hacia la mujer y le
pregunta: “ A donde vamos ?
La mujer se revuelve levemente en el
asiento, tensa ligeramente la espalda y
duda antes de contestar: Dígame una cosa
por favor:…. le parezco atractiva?
El hombre sorprendido; se vuelve, la
examina esbozando una media sonrisa y
contesta no sin cierta ironía- por supuesto!!
-Como para hacer el amor conmigo?, dice ella.
El hombre, levanta ligeramente la ceja derecha , cambia
el gesto y apoya el brazo sobre el respaldo del asiento , asumiendo una
posición de superioridad y mientras la mira directamente a los ojos le dice: -mira
guapa, no tolero la prostitución en mi taxi, ya te estas bajando!
- No, no me malinterprete, no soy
prostituta, por favor, déjeme que le explique.
Soy solo un ama de casa , acabo de constatar que
mi marido me es infiel y me prometí a mi misma que si esto sucedía. yo le
engañaría a él con el primer hombre que se me cruzase. No soy mujer de mundo y
no sabría salir a la calle para tal menester. Y usted, ha surgido de forma providencial en mi
camino. Su aspecto es agradable , aseado
y me haría un favor si accediese a mi petición.
El , apaga el motor y la mira
inquisidoramente. Ella se apresura a
decir: no quiero dinero, le repito que no soy prostituta, solo
quiero tener una relación sexual con un hombre que no sea mi marido y no quiero
pagar por ello.
-Pero señora!!!... usted está despechada,
furiosa y quiere desahogar su rabia y frustración, cree que esto es como darle una patada a un
bote y colarlo en una alcantarilla, pero
no es así. Lo que quiere hacer no soluciona el problema. Hable con su marido, y rompa su matrimonio si es
preciso.
En el exterior sigue lloviendo, la noche ha caído del todo, las
gotas de agua en los cristales del vehículo transforman las luces en figuras difuminadas y
fantasmagóricas que de alguna manera propician la intimidad en el interior.
-No puedo hacerlo, dice ella…. Yo , quiero
a mi marido y sé que el también me
quiere a mi . Mi marido no sabrá nada y
mi vida seguirá igual. Llevamos casados
quince años, tenemos tres hijos y uno de
ellos con una deficiencia que me obligó a
dejar mi carrera profesional y al
que dedicaré toda mi vida por lo que no
tengo independencia económica . En
general somos una familia unida y razonablemente feliz….
-Pues no lo entiendo !… dice el
taxista. Qué sentido tiene la venganza si su marido no se entera …eso no
resuelve nada.
-Ya….pero lo sabré yo…. Responde ella.
Por un momento, el hombre levanta la
vista por encima de la mujer y mira a través del cristal trasero del vehículo,
como si pudiera ver algo concreto en el
exterior. A continuación se da la vuelta y se acomoda en el asiento, pone en
marcha el motor del vehículo y conecta la radio. En ese momento suena la
música de la Zarzamora que templa la atmosfera del habitáculo.
Suavemente , arranca y se sumerge en el torrente circulatorio perdiéndose en la
lejanía .
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MUSLO DE POLLO
Frente a mi, sentados a la mesa , mastica
con ostentosidad, de un bocado casi engulló el muslo de pollo entero sin haber
tragado antes todo lo que tenía en la
boca.
Me mira y esboza una sonrisa de
satisfacción….esta disfrutando!. Así era
él, dueño de su entorno al que miraba con perspectiva y satisfacción.
Hacía menos de una hora que había llegado
a casa del trabajo, alegre, pues había
tenido un buen día en el taller y por el
olor, deduje que había tomado unas cer-
vezas con los compañeros. Me sorprendió en el pasillo por la espalda y
mientras
ponía la mano en mi pecho y me sujetaba
con el brazo derecho, con la otra inició
las maniobras de exploración, me arrinconó contra la pared y no hubo ni más
es-
pacio ni más tiempo.
Entorné ligeramente los ojos mientras le observaba
y me pregunté como era posible que estos mismos aconteceres en un tiempo me
subyugaran, que me hicieran sentir la
mujer más deseada y valorada del mundo, que me pareciera el hombre más cariñoso y apasionado, el que
siempre había soñado…
No es que me haya engañado, es simplemente
que yo no supe ver tras ese velo de
ilusión lo burdo y grosero que era. No pienso
que sea malo, solo inmaduro, como un niño caprichoso que cuando quiere algo utiliza
cualquier artimaña para conseguirlo y cuando lo consigue lo saborea fugazmente
y lo aparta buscando de nuevo algo que llame de nuevo su atención, que no acepta
un no por respuesta y se irrita cuando
se le contraría y sobre todo que el es el centro del universo y dueño de la
razón,
La realidad es que el niño mide 1,90 ,
pesa 102 Kg, y no admite discusión, se
siente atacado si se le lleva la contraria y no
controla su ira, tira y rompe lo
que hay a su alcance hasta que se desahoga, eso sí , debo reconocer que luego
se arrepiente, me pide perdón. Es que es
muy impulsivo,
Estoy segura de que me quiere mucho y hoy
esta muy contento, voy a aprovechar
ahora que está relajado y saboreando el postre que le he preparado, su
preferido, voy a decirle que le dejo….
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ATARDECER EN EL TEMPLO DE DEBOD…
Para atender la indicación de Lucero,
decido acercarme al atardecer al templo para soslayar errores de memoria y al
mismo tiempo disfrutar del momento. Accedo al parque por el paso de la calle María
Luisa y sigue impresionándome el muro de sacos terreros y la desgarradora estatua yacente que recuerdan los caídos en los combates del
Cuartel de la Montaña.
Para aliviar el ánimo, decido torcer a la
derecha y me acerco al Nabuco , justo en
la esquina donde hace la curva el
paseo Rosales y saboreo una taza de chocolate
que me sabe a poco.
Vuelvo sobre mis pasos y subo por la
escalinata izquierda a la explanada
donde está ubicado el templo, que
conforme aparece se me antoja desafiante,
y el cielo que durante todo el día ha
estado encapotado, luce ahora roto en jirones rojizos. El viento abre un hueco entre los cedros y de
pronto como un toque de timbal el destello de
un rayo de sol hace que la cúpula
de la iglesia de San Marcos, con su revestimiento cerámico de dorados y azules emerja
refulgente entre las copas de los árboles y me remonta extasiada a países
exóticos.
Comienzo a caminar de nuevo por que
a mi izquierda, entre los setos, unos jóvenes lían unas papelinas y me miran
con desconfianza . Ya en la barandilla
del mirador percibo la melodía del atardecer, como si el cielo en sus mudas notas fuera
desgranando una a una la sinfonía en la ciudad.
Distingo el horizonte y paralelo al suelo
el filo de las nubes. En medio la luz que aún deslumbra del sol poniente,
debajo la bruma grisácea de los árboles.
El Palacio Real, a la izquierda, va cambiando su tonalidad con acordes
monótonos a medida que el sol languidece . Recorro con la mirada
el Jardín del Moro, las cúpulas de la estación del Norte, casi
invisibles por los árboles y hasta donde me alcanza la vista girando al este. Ya
no se distingue horizonte, solo la torre
de la iglesia de Caná a lo lejos como apoyada en una nube. El sol se ha ido,
pero aún se percibe su suspiro.
Cerca de mi, una pareja ajena a mi
presencia, ha seguido como yo el ocaso y
se entrega suavemente al ronroneo de las carantoñas. Los miro… me gusta mirar el querer y los
besos, pero me giro por respeto.
Ante mí, el templo imponente , recorta su silueta oscura contra el horizonte
iluminado de la ciudad y parece querer decir tras dos mil años: aquí estoy yo!
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