Tertulia del 26 de Mayo de 2017
Tertulia del 26 de Mayo de 2017
Novela: Una voz escondida
Autora: Parinush Saniee
Lugar: Casa de Vicky
Asistimos:
María Eugenia
Lola
Nieves
Vicky
Pilar
María José
José Antonio
Angélica (moderadora)
Graciela (cronista)
Las ricas viandas consistieron en:
Tortilla, kiche, ensalada, pimientos rellenos de bacalao,
salmorejo, embutidos, kutchen de frutas y trata de almendras
Vinos blancos y tintos y bebidas en general
Pasamos a la elección del libro para la próxima tertulia.
Hubo empate entre Diario de un cazador de Delibes y La Regata de Manuel Vicen
Se acordó leer la primera para la tertulia de junio y la
de Manuel Vicen para Julio
Las palabras elegidas para el relato o poesía fueron: Calma
y Banco
Moderará María José y Pilar hará la crónica.
A continuación María José expresó sus opiniones
sobre el libro:
Le pareció entretenido, una sociedad patriarcal en la que
el padre decide todo en la casa, con un carácter desagradable que amarga a todo
el mundo bajo ñla apariencia de que los quiere mucho y todo lo hace por su
bien.
Destaca dos
puntos de vista:
El niño mudo
La madre heroína, defensora del niño y de la sobrina que
tiene que abortar y no hay otra persona
que le ayude.
Disfrutó con la lectura
Vicky
observó a una madre protectora frente a un padre abusador, la abuela Bibi,
salvadora del mudo y conseguidora del habla del mudo. Aporta que está basada
en un hecho real y que existe una versión cinematográfica llamada “El padre
del otro”
Nieves opina que el padre no da refuerzos
positivos al niño frente a una madre quejosa de todo en su vida. Le pareció una
novela agradable pero no maravillosa.
Es como un cuento para apoyar y amar a los hijos y
también destaca a la abuela como un ser positivo
Lola opina que es sencilla de leer pero sintió la
angustia ante la posibilidad de el protagonista matase a su herma como castigo.
Resalta la represión sexual sobre los jóvenes en Iran
Graciela dijo:
Este libro es un diamante. No sólo cuenta de maravilla la
historia de un niño que no quiere hablar. Es la historia de miles de niños
“diferentes”, que se salen de la vulgaridad cotidiana, de lo que se espera de
ellos. Los padres queremos que nuestros hijos sean los más listos, los que
saquen mejores notas y jueguen al futbol como el propio Messi.
Proyectamos en ellos nuestras frustraciones y nuestras
ilusiones. ¡pobres niños!. Que carga les encomendamos: horas y horas de
estudio, de deberes y de extraescolares, sin tiempo para jugar, estar con los
amigos y leer cuentos con los padres. Shahab tuvo suerte con su abuela Bibi,
quien supo descubrir en ese niño mudo un ser extraordinario, una imaginación
desbordante y una creatividad excepcional. Una mente portentosa pero diferente
y eso era malo. Como veía las letras y los números de colores, las palabras no
eran solo conjuntos de letras, cada una encerraba un mundo propio, hasta se
compadece de la gente “bien de la cabeza” porque viven en un mundo sin colores.
¡Qué excentricidad! Una más en su pequeño cuerpo retraído en su “no hablar”,
tan empecinado en esa intimidad sólo suya y en los pocos seres en los que confía y ama. Que sufrimiento sentiría ante las
constantes humillaciones, hasta considerarse él mismo un tonto y un inútil.
Que comprensible el rencor hacia ese padre que lo rechaza constantemente,
incapaz de darle un ápice de cariño, una muestra de afecto.
Tampoco creo que ese padre fuera consciente de su mal
proceder. No sabía hacerlo de otro modo, Así fue educado.
La madre, sometida, mujer en un país islámico y falto de
libertades, hábilmente apuntado en el libro pero de forma soterrada y a pesar
de esa suavidad, el libro fue prohibido en Irán.
Me ha parecido una novela sublime, tierna, unos personajes
perfectamente psicoanalizados .
Solo me ha quedado la necesidad de conocer un poquito más el
Irán apuntado y no explícito, una auténtica joya y una felicidad leerla. Con
libros así, no dan ganas de ir al gimnasio
Ofelia
La autora en esta novela hace un paralelismo entre la
historia personal de Shahab y la sociedad iraní, dominada por el Islam y la
censura que padece.
Hace más hincapié en el aspecto social, no de toda la
sociedad, sino de su célula elemental, la familia, y deja de lado el tono
político. Yo no creo que la novela se trate tanto de denunciar la sociedad
iraní, sino la incomunicación y soledad del individuo en el seno de la familia.
Esas pinceladas del tejido social se aprecian en la
experiencia de su prima Fereshteh, perseguida por besarse con su novio en el
parque, símbolo de la represión de un sistema que pretende limitar incluso las
manifestaciones afectivas. También pone de manifiesto el papel de la mujer
cuando su madre no puede tomar decisiones sin el consentimiento de su marido.
Protagonismo de “el qué dirán” frente a los sentimientos.
A pesar de esa denuncia social, lo que más me ha
impresionado es lo que se esconde tras el silencio de un niño (sus
frustraciones, su falta de afecto, su timidez, su incomunicación…) y la
sutileza de cómo se van perfilando los personajes. Novela de fácil lectura, con
una escritura sencilla, ligera y, a la vez, profunda:
Shahab, niño de cinco años que se encierra en un universo
propio, una historia de silencio que se convierte en un grito de protesta y
que, a la vez, le proporciona seguridad. Guarda silencio porque la obsesión de
los que le rodean por que hable le paraliza y ninguno consigue suscitar en el
niño la suficiente confianza para comunicarse. Tiene una intensa vida interior
y no pierde detalle de cuanto sucede. Incluso a veces se venga de quienes se
burlan de él.
El silencio es un arma, quizá la única con la que Shahab
cuenta para reclamar la atención y el cariño que su padre nunca le ha dado.
Shahab tendrá que pasar por muchas pruebas para encontrar su
voz (perderse, vivir con extraños y pasar unos días con su abuela, que se nos
muestra entrañable).
La abuela Bibi “los ancianos, aunque no habíamos estudiado
tanto como vosotros, manteníamos una relación más sencilla con nuestros hijos.
Tenían menos problemas y crecían de una forma más natural. ¿Sabes qué pasa?. El
que escribe su historia tirando de corazón no necesita libros ni cuadernos, ya
para leerla no hace falta haber estudiado” (pág. 90).
El padre, “Naser era hombre honrado, trabajador, el puntal
de la familia, pero le faltaba algo, algo que tendría que haber aprendido de
niño y que no le habían enseñado. No sabía expresar sus sentimientos. Para él
las demostraciones de afecto eran bobadas. Le daba vergüenza hablar de lo que
sentía. Básicamente, todo lo que no tuviese que ver con la razón, para él no
tenía ningún valor. Era superfluo. Quería que las cosas fuesen siempre
perfectas y no perdonaba el más mínimo error” (pág. 90).
Comentaba Asi, uno de los amigos imaginarios de Shahab: “Los
hijos buenos, sanos, guapos e inteligentes son de los papás y los estúpidos,feos y enfermos, que no saben hablar, son de las
mamás” (pág. 92).
La madre, Mariam. Es la única capaz de comprenderle, de
defenderle ante la indiferencia del resto de la familia, incluso con mentiras
“piadosas”. Ella también calla en silencio su frustración por una vida que no
había elegido. Estudió una carrera universitaria y, tras la maternidad,
renunció a su vida laboral para cuidar de la familia. En Irán la familia y las
tradiciones tienen un gran peso específico y la religión y la ley no permiten
la igualdad de las mujeres. Es una sociedad dominada por los hombres.
Recordemos que Mariam llega a sentirse culpable del silencio de Shahab, un
sentimiento que exaspera a su marido y a su familia política.
Sólo un ápice de humor: “La madre de Josrow ante los
comentarios desagradables de su marido hacia él, decía ¡os equivocáis, mi niño
les da mil vueltas a todos los demás”
Y Shahab “y yo me quedaba mirando a mi primo para ver si se
ponía a dar vueltas a alguien, pero eso nunca pasaba” (pág. 15).
Amargura:
“El día que descubrí que era tonto me volví especialmente
sensible a esa palabra. Cuando me llamaban “tonto” me ponía furioso, chillaba,
rompía algo o pegaba a alguien, y siempre montaba una buena. Sin embargo, en el
momento en que acepté la realidad, mi estado de ánimo cambió… buscaba de
inmediato un rincón en el que esconderme. No había nada que me hiciera feliz.
Aquella sensación me duraba mucho, a veces hasta dos días. ¿Sabéis lo que son
dos días para un crío de cuatro años? Quizá lo mismo que uno o dos meses para
un adulto.
Cuando reaccionaba con violencia salía mejor parado, por
mucho que me castigaran, me riñeran, me pegaran y me pusiera a llorar. Al menos
todo pasaba deprisa. No se alargaba más de dos horas” (pág. 12).
… “cuando me llamaban “tonto” se reían, y yo creía que era
una palabra bonita. No sabía que la gente pudiera reírse por otro motivo que no
fuera estar contento.” (pág. 13).
“Antes de descubrir la amarga verdad, los días eran más
plácidos. Podía pasarme horas dando vueltas por el pequeño jardín de casa y
dedicarme a observar la tierra, las hojas y las lombrices que asomaban después
de la lluvia, y descubrir algo nuevo a cada instante. El arbolito del jardín
era un amigo atento que siempre florecía cuando volvíamos de viaje de Fin de
Año. Sabía que florecía de felicidad, porque aquello pasaba una sola vez y
justo a nuestro regreso. Al cabo de unos días, se le caían las flores y
cambiaba de aspecto para luego regalarnos exquisitas cerezas rojas. Todos
creían que era natural que salieran frutos pero yo sabía que lo hacía para
darme la bienvenida a mí, que lo quería más que los demás.”
“El día en que
comprendí que, en realidad, ser tonto no era nada bueno fue un día terrible”
(pág. 14).
José
Antonio
Ha sido una sorpresa grata la lectura de este libro que
es un autentico tratado sobre la autoestima
Un tratado duro y cordial y a la vez una reflexión sobre la sociedad iraní
Las contradicciones de una sociedad teocrática de culpa y
represión, Parinush Saniee , la describe
con un realismo amable, no le gusta, apunta situaciones terribles de represión:
la necesidad de esconderse, los tipos crueles que aparecen, sin caer en la
tentación de recrearse en ellos, le basta con apuntarlos. La habitación sórdida
encima del supermercado, el dueño pederasta pervertido, los azotes, el trato
cruel de la policía, la burocracia…
Y el amor
El amor de la madre (obsesivo y equivocado), las
contradicciones del padre,trabajar, trabajar y trabajar , el éxito de sus hijos
como valor propio. El rechazo , la culpa
La hipocresía del primo, que miente y acaba siendo
rémora, el cotilleo, la legua afilada y cruel de la familia de Naser
Es interesante como apunta al castigo de dios por no ser
un fiel creyente
La religión como control
El amor de la abuela o el de la familia que lo recoge
El amor incondicional… ¿termino budista?
¿El amor con condiciones?...
La frustración de la madre… haciendo las cosas en una
queja permanente
No basta con hacer, hay que hacer bien y con alegría
(al trabajo se viene llorado de casa, dicen por ahí)
Dicen los que saben (Rocío Carmona)
Que la autoestima es:
Es el conjunto de ideas, percepciones e imágenes que una
persona tiene de uno mismo.
Es la calificación que cada uno se da como persona o en
relación con algunos aspectos de sí mismo como habilidades, apariencia,
conducta, experiencias del pasado...
Es cómo nos sentimos respecto a cómo nos ven las demás
personas.
No es voluntaria y se va formando a través de las
condiciones de vida y de las experiencias personales y que hemos vivido como
significativas.
En la boda de mi hijo , teníamos que contar algo y
hablamos de que la obligación de los padres es intentar que los hijos sean
felices, que se quieran, que los quieran y que quieran
Lo demás es accesorio
El reconocimiento del padre de Arhas , en el discurso
final de que el no ha tenido la culpa del éxito de su hijo es emocionante
Me gustó
Angélica
Una voz
escondida. Parinoush Saniee
Me cuesta mucho apreciar la hondura tan ponderada de este libro, sin apenas
conocer el entorno en que fue escrito. Una lectura general y con distancia
emocional permite de bulto distinguir la rabia desesperada de un niño con
severas dificultades de relación.
Permite evaluar someramente una familia
relativamente bien integrada en su entorno, adaptada al designio de unas
normas de comportamiento personal y ciudadano imposibles de cambiar y haciendo
una vida sin rebelarse. Si alguno lo ha
hecho, ya estará sometido a la cárcel o a la propia desesperanza adquirida. Hay
una ´gran desproporción en muchísimos países hoy en día entre el poder político
y quienes se oponen a él. Y quienes se oponen están sometidos a la cárcel o la
desesperanza adquirida y no viven en Irán.
Pero las imágenes del libro que deben reflejar un trasfondo en cada parte de
la trama, se me escapan.
De Irán qué se yo? Que es parte de la antigua Persia, que la
capital es Teherán. Que desde la caída
del Sha es una teocracia. Que Persépolis en una joya turística, que sus poetas
a través de los tiempos han ensalzado el amor, las mujeres y el vino, pero que está
prohibido el alcohol…Bien poco sé de un país “complejo y contradictorio”, según
leo en los artículos de prensa sobre la última reelección democrática del
presidente Rohaní. El menos radical de los candidatos, afortunadamente, en un país con la herencia de una de las
civilizaciones más antiguas y ricas en matices del planeta.
Quizás vale decir en torno al libro que las actitudes machistas que allí se
presentan tienen también en occidente un
contrapeso que puede equilibrar la balanza de abusos y que las actitudes de
sometimiento femenino, con o sin leyes discriminatorias, son también
comparables a las de cualquier población rural de América del Norte o del Sur y
a muchos pueblos de Europa.
Pero el drama verdadero del niño, su miedo, su inmersión en la compañía de
amigos imaginarios, su rabia, su mudez patológica, el “caso real” pues, es una
situación clínica medianamente resuelta.
En primer lugar por parte de la madre, con su amor, comprensión y fe en las
potencialidades de Shahab y en segundo término, con la oportuna acción de una
abuela de aguda inteligencia.
La rabia recóndita del principal personaje no termina de aliviarse nunca.
Siempre percibió a su propio padre como el padre de otro, el sentimiento de
rechazo contra él no fue resuelto; no lo siente su padre, lo rechaza como tal, es
“el padre de Arash”.
¿Cómo se percibe en Irán esta alegoría? No lo sé.
El libro es a mi juicio interesante en cuanto reflejo de un ambiente
político, especialmente para quien lo conozca mejor y es útil para la
comprensión de casos psicológicamente similares al del niño del que trata.
Seguramente cada uno de los personajes es reflejo de una parte del sistema
de valores que rige en el país, probablemente la trama, a ratos predecible, es
comparable con las actuales instituciones de Irán.
Pero lo que está por verse es si esa
rabia de Shahab contra el padre, existe como sentimiento generalizado en Irán
contra el sistema, si tendrá alguna
válvula de escape, si la adaptación de los ciudadanos es mayoritaria y si no lo es… cuándo explotará esa rabia y cómo.
La tapa del libro nos dice que “toma
el pulso a la sociedad con una historia en la que el silencio cobra la fuerza
de un grito de protesta”. Pues será… Más allá de ciertos estereotipos, de la
situación obvia de que los iranies están
viviendo bajo una dictadura religiosa y
de que eso nos haga agradecer entre otras cosas que haya leyes paritarias, que no hay problema en comer
cerdo, beber licor, bailar hasta rendirnos, vestirnos y actuar sin pudor alguno,
no puedo aventurar mucho más.
Relatos:
Relato de
Ofelia
HIJA – AGUA
No pises los
charcos, que te mancharás.
No hables con
la boca llena.
No corras,
que te caerás.
No te vayas
sin coger el paraguas, que si te mojas, te constiparás.
No te muerdas
las uñas.
No te pelees
con tu hermana.
No llegues tarde
a casa….
Eran las
advertencias que le hacía a su hija cuando era pequeña. Ahora ya ha crecido y ella se ha hecho mayor,
muy mayor. Los papeles se han invertido y no para de escuchar:
-
No eches más azúcar al yogur.
-
No hagas eso, que te vas a caer.
-
No te olvides de tomarte las medicinas.
-
No te olvides las llaves.
-
No puedes comer tanto, que te hará daño.
-
No tomes café a estas horas, que no vas a poder dormir
esta noche.
En el fondo,
se siente muy feliz. Tiene a una persona muy especial que se ocupa de ella y la
quiere. Ya va siendo hora y le dice:
-
“Anda, acércame un vaso de agua, que me toca la
pastilla”.
Relato de
Graciela
Carmen
estaba embarazada de siete meses y le tocaba revisión ginecológica: como buen
manchega, decía que iba “para que le vieran al chico”. Hacía un día de perros,
el agua de la lluvia chorreaba por los canalones de las estrechas calles
de Toledo y por sus pendientes caminaba como por rápidos riachuelos,
empapándola tanto por arriba como por abajo. El paraguas protegía algo, pero, a
todas luces, era insuficiente.
Llegó a la
consulta del ginecólogo. Esperó tanto tiempo que fue la última en ser recibida.
Bueno: paciencia.
Por fin
llegó su turno, se quitó la ropa y pasó a la postura del potro. Algo
desagradable pero que hay que pasar.
El médico
empezó el reconocimiento y le dijo:
-Bueno
Carmen, ahora flojita
Carmen
Obediente aflojó y tanto aflojó que se le escapó un pedo. En toda la cara del
buen señor. Nadie dijo nada, pero Carmen deseo con toda su alma que el piso se
la tragara. El infierno pasó por su cuerpo y no respiró hasta salir a la calle.
Ni oyó lo que dijo el médico, ni cuando la próxima revisión, ni nada de nada:
Solo quería morirse
En su cabeza
sólo resonaba:
“El pedo, el
pedo, el pedo….
En el portal
frenó de golpe. Seguía lloviendo a cantaros, tenía que recoger a su hija en
casa de la abuela, una media hora callejeando entre ríos y canalones
chorreantes
¡Se había
olvidado el paraguas en la consulta!
Sopesó lo
pros y los contras de volver a por él o llegar a casa con pulmonía.
Sumida en
estas agonías, decidió subir a por su paraguas.
El valor le
duró hasta que el mismo médico fue quién le abrió la puerta . Carmen sólo pudo
balbucir:
-Perdón,
pero he olvidado mi pedo.
Relato de
José Antonio
-Buenas
-Buenas, usted dirá
-Es que me han dado esto
en el metro
-¿A ver?
El padre de Yasmin,
entrega una octavilla escrita con letras azules al Sr. Kalimba
Pero… requiere una
explicación
El que entrega la
octavilla, que a su vez le he dado yo en “A las cinco pego un brinco” es Josue, un hombre hecho a sí mismo
Del que me entregó la octavilla a mí , no tengo
referencias, creo que es consecuencia de la externalización del departamento de
Maketing del Dr. Kalimba
De Yasmin, tampoco sé a
ciencia cierta. Conozco su existencia por la curiosidad que mató al pez… Estaba
en un bar cuando oí decir, al que después supe que se llamaba Josue, que su
hija había roto con Edison (que tampoco conozco) que en la noche anterior
lloraba, hasta el punto de dejar inservible un mantelito que el tal Josue había
reciclado del comedor de los servicios centrales del BBVA, adonde había ido para arreglar un calentador
industrial. Que al ver a Yasmin hecha un mar de lágrimas, el mismo se había
apenado. Y que ser padre es muy difícil, que su esposa (colegí que se llamaba
Celeste) nunca estaba en casa porque era muy solidaria y siempre estaba en una
ONG que tiene su sede en la iglesia de D. Mateo, perdón. La iglesia de Santa
María de la Cinta, que D. Mateo es el párroco, ecónomo y administrador. Y que
al verla así y sin saber que hacer y con el mantelito de papel (el que trajo
del banco) estropeado, fue a la cocina lleno un vaso de agua y le dijo a la
hija
-Bebe agua, te hará bien
Josúe , en este punto, apoyado en la barra del bar y
hablando con un señor del que, sinceramente, no puedo dar noticia, había
terminado la cerveza y a lo sumo quedaban dos o tres aceitunas en el platillo
de la tapa.
Me apenó
Y le dije a la camarera:
-Julia, guapa, pon otra
ronda de lo que estén bebiendo a esos señores
Lugo me acerqué y le dí la
octavilla, que ahora Josué le está dando al Dr. Kalímba
A mí me la habían dado en
el metro, la guardé en el bolsillo para no ensuciar la acera y por lo que
pudiera suceder que el que guarda halla.
Empezaba diciendo:
Maestro Kalimba, se hacen
trabajos a buen precio y garantizados de ataduras, mal de ojo y desgracias en
general. Con referencias, recomendado por la AICHC (Asociación Internacional de
Chamanes y Curanderos).
Espero que le vaya bien
Relato de Angélica
Palabras de mayo: hija y agua.
El hombre ajeno (De: Canciones del Exilio)
Aquí estoy yo
Orillado a este asombro
Verde de pinos.
Con preguntas inútiles
Que cualquier niño evade.
Aquí estoy
Y el agua no refleja los puentes.
El destino desciende
Hacia una historia
Ajena.
Atardecer (De: Canciones del exilio)
La hija ha vuelto
Con batallas ganadas y perdidas.
Cuando el bambú
Se niega a la memoria estiva,
La hija ha vuelto.
La tarde es un ardor
De chicharras
Un color de refranes antiguos.
La hija ha vuelto
Con la sonrisa
De una santa de estampa.