TERTULIA 29 de Junio de 2018
LA VIDA ANTE SI, DE ROMAIN GARY
Tertulia correspondiente al mes de junio de 2018. Se celebró
en casa de Pilar y asistimos Ofelia, María Eugenia, José Antonio, Graciela,
Angélica, Lola, Vicky, Silvia y yo misma.
Pasamos un buen día con su calorcito y disfrutamos de una
novedad: la unanimidad total, como nunca en mi experiencia tertuliana, con
respecto a la bondad del libro leído. Sencillamente nos fascinó a todas.
Algunas contertulias como Lola o Graciela quiero recordar que dijeron que era
la mejor novela que habían leído. Y no
me extraña porque la obra, aparte de sus virtudes literarias, conseguía llegar
al corazón del lector gracias a la ternura, la solidaridad y la tristeza que
transmitía desde la voz infantil y al mismo tiempo madura del protagonista, el
niño Momo.
Mi crónica, leída en la tertulia:
La vida ante sí, Romain Gary
Novela excepcional que se vale de un lenguaje inocente puesto
en la boca de un niño para contarnos una historia de pobreza, soledad, dolor,
abandono, enfermedad y muerte. No obstante esto, la voz que nos narra la
aventura de estos seres que sufren es ingenua, optimista, amorosa y da al
lector una lección de vida y generosidad que hace enorme a un personaje tan
pequeño y desamparado como el niño Momo.
Hay una frase al principio del relato que nos explica el
desamparo que vamos a encontrar chorreando por los renglones del libro: “Son
historias de chiquillos que no habían podido abortarse a tiempo y que no eran
necesarios”.
A través de las palabras de Momo conocemos a la otra
protagonista de la historia, la señora Rosa, por cierto, interpretada en el
cine por la actriz francesa Simone Signoret que debió hacer una excelente
madame Rosa porque recibió los premios Cesar y David de Donatello a la mejor
actriz. La señora Rosa lleva como buenamente puede su papel de madre adoptiva
de los pobres niños que le confían las prostitutas pero a quién más quiere es
al pequeño Momo que le profesa la misma adoración. Son dos seres trágicos,
abandonados a su suerte y muy solos. Pero se tienen el uno al otro y es a Momo
a quien le toca demostrar que la quiere y que no la va a abandonar hasta el
final, evitando al mismo tiempo que la lleven al hospital para hacerla vivir
artificialmente.
El deterioro físico y psíquico de la anciana judía nos
angustia ante la incertidumbre de su futuro y del de Momo. Pero el joven se las
sabe todas y tiene recursos para llegar hasta el final de la mejor manera
posible.
Vemos también cómo un vecindario tan pobre como ellos, es el
complemento que hace que los de la casa sobrevivan. Así, la señora Lola, aporta
comida y dinero gracias a las chapas en el Bois de Boulogne. Y todos ponen su
granito de arena sin importarles el aspecto, el peso y el olor de la pobre
señora Rosa.
El lenguaje que emplea el narrador es eficaz, unas ideas
plasmadas con simplicidad pero contundentes que te hacen detenerte a cada
frase: “Enviaría a los hijos de putas y a sus madres a los hoteles de lujo de
Niza, donde estarían a salvo de la vida”.
También “Los polis son lo más fuerte del mundo. El que tiene un padre
poli, es como si tuviera el doble de padre que los demás”.
Es un lenguaje capaz de transmitir todo lo que la vida le ha
hecho al personaje mediante una sola reflexión de éste: “Da gusto tener miedo
cuando sabes por qué; normalmente siento un miedo terrible sin ninguna razón
aparente, como se respira”.
Gary se vale de un personaje inocente: el niño Momo, para
tratar, bajo el signo del humor, los temas más sensibles, como el holocausto.
La señora Rosa es una superviviente de Auswitz y su vida está marcada por ese
suceso: “Tenía un miedo atroz a los alemanes. Era una persona que vivía de
recuerdos. Ustedes pensarán que es una estupidez, que todo aquello ya está
muerto y enterrado, pero los judíos son muy tenaces, y más cuando han sido
exterminados, estos los que más”
Del mismo modo, el niño Momo sabe expresar muy bien su
frustración y dolor: “Me acuerdo muy bien de aquel momento de mi vida porque
fue exactamente igual a los demás. Para mí la vida siempre es igual, pero hay momentos que me siento
todavía peor”. Y su rabia y soledad:
“Después birlé unos guantes en el Primtemps y fui a tirarlos en un cubo de
basura. Eso me hizo sentir bien”.
Una de las historias que componen el relato y que me emocionó
especialmente es la de Momo y su perro Super, al que ama y por ello lo vende
para darle una vida mejor que la que se vive en casa de la señora Rosa: “En
casa de la señora Rosa no había seguridad, todos vivíamos pendientes de un
hilo. Con la vieja enferma, sin dinero, y con la amenaza de los Servicios
Sociales. No era vida para un perro”.
Crónica de Ofelia sobre La Vida ante sí:
“LA VIDA
ANTE SÍ”, Romain Gary.
(Viernes
29 de junio de 2018)
Los protagonistas absolutos son
MOMO y la Sra. ROSA.
MOMO “La vida no es
cosa para todo el mundo”… “Se puede vivir sin alguien a quien querer?”
SRA.ROSA “Para tener
miedo no hacen falta motivos”
“Lo primero que puedo decirles es que vivíamos
en un sexto sin ascensor y que para la señora Rosa, con los kilos que lleva
encima y sólo dos piernas, aquello era toda una fuente de vida cotidiana, con
todas las penas y los sinsabores. Así nos lo recordaba ella cuando no se
quejaba de otra cosa, porque, además, era judía. Tampoco tenía buena salud, y
otra cosa que puedo decirles es que era una mujer que merecía un ascensor.
La primera vez que vi a la señora Rosa tendría
yo tres años. Antes de esa edad no se tiene memoria y se vive en la ignorancia.
Yo dejé de ignorar a la edad de tres o cuatro años y a veces lo echo de menos”.
(pág. 9)
Narrada en primera persona, se
centra en la etapa de la infancia a la adolescencia, pasando por una madurez
precoz, que se pone de manifiesto el día de la visita de su padre, cuando
confirma que tiene 14 años y descubre la triste realidad de sus progenitores.
“No tenía más que
darme una bofetada para castigarme, que es lo que hacen las madres cuando se
ocupan de uno” (pág. 23).
La necesidad de tener un padre.
El señor Hamil le dice “Hemos de suponer que tu padre
murió durante la guerra de Argelia, que es algo hermoso y grande, y que es un
héroe de la independencia.
-
Señor Hamil, yo hubiera preferido
tener un padre que tener un héroe. Hubiera tenido que ser un buen proxeneta y
ocuparse de mi madre” (pág. 36).
Durante mucho
tiempo, no supe qué era árabe porque nadie me había insultado todavía. No me
enteré hasta que fui a la escuela. Pero no me peleaba nunca con nadie porque
cuando se pega a alguien se hace daño. (pág. 11)
Se deshizo del perro… “Tanto lo quería que lo di. Tenía unos nueve años y a esa edad ya se
piensa, salvo quizá cuando uno es feliz” (pág. 23)
Bueno, yo sabía que
hay siempre un misterio cuando una mujer que se busca la vida tiene un crío del
que no ha podido librarse a tiempo con la higiene y que eso trae consigo lo que
se llama hijos de puta… (pág. 35)
La necesidad de tener un padre. El señor Hamil le dice “Hemos de suponer que tu padre murió durante la
guerra de Argelia, que es algo hermoso y grande, y que es un héroe de la
independencia.
-
Señor Hamil, yo hubiera preferido
tener un padre que tener un héroe. Hubiera tenido que ser un buen proxeneta y
ocuparse de mi madre” (pág. 36).
El señor Hamil
parecía muy triste. Era por sus ojos. En los ojos es siempre donde la gente más
triste está. (pág. 36)
Demuestra una sensibilidad
exquisita “No vayan a figurarse que los proxenetas no tienen
también sus problemas como todo el mundo” (pág. 42)
Hablando de uno de los
guardaespaldas del señor N´Da Amédée “Tenía la cara intacta, pero era
una lástima. A mí no me gusta la gente que tiene una cara que siempre está
cambiando, como si se le escurriera por todas partes, y que no tiene la misma
expresión dos veces seguidas. A estos se les llama hipócritas. Desde luego, sus
motivos tendría, pero ¿quién no los tiene? Todo el mundo querría esconderse,
pero les juro que aquel hombre tenía un aire tan falsificado que ponía los
pelos de punta pensar lo que debía de estar ocultando” (pág. 43)
“No sé por qué le
había tomado tanta ojeriza. Sería porque yo tenía nueve o diez años y, como
todo el mundo, ya necesitaba tener a alguien a quien odiar… Muchas veces me he
dado cuenta de que la gente llega a creer lo que dice, que lo necesita para
poder vivir… Olvidaba decirles que el comisario de policía que era hijo de puta
lo sabía todo y lo había perdonado todo (pág. 46)
Salpicado de comentarios ingenuos
y descripciones sorprendentes, que hacen las delicias del lector.
Cuando conoció a señor Hamil… ”Cuando lo conocí era ya muy viejo
y después no ha hecho más que envejecer…” (pág. 10)
“El señor Waloumba es un negro de Camerúm que vino a
Francia para barrerla” (pág. 128)
Novela sobre el amor entre
diferentes seres que viven en un mundo degradado. Imposible olvidar a la SRA.
ROSA, al SR. HAMIL, a la SRA. LOLA, al Doctor KATZ o al SR. N’DA AMÉDÉE.
Entrañables, desarraigados, y a cada uno le atribuye una pizca de sabiduría,
humanidad, ternura y valentía y, sobre todo, lealtad. Su relación con estas personas está cargada
de humanidad, a pesar de que viven al margen del sistema, en ese suburbio
llamado irónicamente “Belleville”, lo que puede resultar cómico, no?
Historia de emociones, poética,
que te dibuja la sonrisa en muchas ocasiones.
Con este libro no me apetecía
llegar al final de la historia. Se disfruta cada capítulo, donde muestra la
relación de Momo con cada uno de los personajes, desde la inocencia y la lógica
de la infancia.
Lo más cerca que Momo estuvo de
la realidad “confortable” fue con NADINE, la intérprete de doblaje, que poseía
una familia “normal”. Disfruta con la posibilidad de dar marcha atrás, como en
el cine. De hecho, sueña con ello.
Momo añora, pero no envidia.
Tiene buenos sentimientos.
Podría
decirse que esta novela es un canto a la tolerancia a la diversidad. INOLVIDABLE.
Para la próxima tertulia, correspondiente al mes de julio, se
seleccionó el libro Margarita, está linda la mar, de Sergio Ramírez.