viernes, 4 de mayo de 2018


Tertulia: 6 de abril 2018

Regreso a Birchwood.  John Banville


¨Nítidamente veo, o imagino que veo, tanto da, escenas como ésta a través de un cristal¨.
La primera parte de la novela está llena de páginas de descripción poética (´´nítidamente veo´´) de los ambientes, los personajes y los sentimientos y aporta cada tanto un comentario gracioso, irónico o inesperado. Llena de detalles, eso sí, a menudo tan intrascendentes, (´´imagino que veo´´), que al pasar una cantidad asombrosa de páginas, el lector debe detenerse para encontrar un cierto orden y resumir los cuatro o cinco acontecimientos que se han sucedido, mientras el personaje que cuenta la historia se recrea en la descripción de su infancia.
Eso sí, la recrea con una magia de lenguaje y una novedad en el tratamiento de las palabras, que hipnotiza.  Es un grato fluir de imágenes impecablemente dichas. (¡Bravo por los traductores!)
Se destacan algunos párrafos, que deben ser (´´tanto da´´), mejores o más significativos para el lector, como es natural. Por ejemplo:
¨Parece ser que si seguimos los dictados de la naturaleza que Dios nos ha otorgado, nuestra recompensa será freírnos eternamente en un horno dispuesto con todo cariño, mientras que si persistimos en negar la innegable verdad sobre nosotros mismos, se nos permitirá flotar hasta el fin de los tiempos a través de una inmensidad vacía y azul, y nuestra única tarea será adorar al Señor¨.
 Humor negro, profundidad e ironía.
En el libro todos ¨huían hacia sí mismos¨, y a cada paso se evidencia, que al mismo tiempo que se va desmoronando el físico y la mente de los personajes, así mismo también se deteriora la propiedad entera, como formando parte del elenco.
Hay un momento crucial del primer capítulo de la novela, narrado con una delicadeza de orfebre, que une al mismo tiempo angustia por el resultado de las elucubraciones febriles y gran belleza en la construcción del pensamiento nebuloso de la existencia de una hermana. Ese momento culmina así:
 ¨Recopilando todos esos fragmentos que apuntaban de manera inconfundible, como veía ahora, a un hecho perdurable y colosal, a saber, que en algún lugar tenía una hermana, una gemela, una niña perdida¨.
En el lector asiduo se instalan las sospechas: ¿Será Michael hijo también de Joe y por lo tanto hermano de Gabriel?. ¿Es Martha hermana de la madre o es hermana del padre de Gabriel? (Uno se pierde, pero será eso lo que pretende el autor). ¿Hubo incesto? Como siempre cuesta creer eso - que ha sido ancestralmente una aberración -, vas pasando hacia el resto del relato y lo dejas de lado. El autor al final de la obra despeja algunas dudas, pero quedan baches.
 Los personajes tienen unas conductas sin espontaneidad, se comportan como actores y, en general, cada miembro de la familia muestra la peor parte de su carácter.
Pero avanzando la novela, en el segundo capítulo, no percibí la misma sensación de gratitud por la belleza del lenguaje, me empezó a dar la impresión de un fárrago de acontecimientos mezclados, con un fondo muy a propósito que perfectamente lo admite: el circo.
Entonces ha comenzado el letargo. Se empieza el lector a olvidar del uso novedoso e increíble de las imágenes literarias y de las palabras: ´´Como una cinta de seda roja de odio´´ las describe magistralmente.
Cuando se instala el tedio, se siente la necesidad de encontrar pronto un acontecimiento que ayude al desenlace; se hace muy larga la lectura, hay un relato que avanza sin rumbo por páginas sin término. Pasa de todo, pero en realidad, pasa muy poco que podamos llamar importante; hay atisbos, asuntos inconclusos, pocos hechos dignos de mención y de recuerdo.
 El segundo capítulo parece el inicio de otra novela, o la parte de una novela que el autor haya encontrado el modo de insertar allí.
¨Violetas y mierda de vaca, mi vida siempre ha sido así¨. Es la descripción más breve, contradictoria, egoísta y decepcionante de un encuentro sexual entre dos jóvenes.  Totalmente prescindible, también.
Durante la narración del recorrido circular que aborda el grupo que conforma el circo, se evidencia la sordidez de esa vida, dentro de  la tragedia mayor del país, al mismo tiempo que la indiferencia general ante el horror en que se vive.
¨Era una época en la que lo único que se podía hacer con la belleza era destruirla¨.
Entre la montaña de detalles no hay, sin embargo, elementos suficientes que aporte el escritor para completar algunos hechos; como la conducta entre la gente del circo después de la pérdida del bebé, por ejemplo, o la violación y muerte de la chica. Y se despacha entre un gran fárrago de letras, en poco más de media página, el horror de la hambruna, casi sin impregnar de sentimientos la descripción.
Primera parte: el hombre recuerda su infancia y presenta su disfuncional familia en la que hasta muere la abuela de combustión espontánea…Segunda parte: el niño se va a buscar con la gente del circo a su supuesta hermana, vive experiencias, crece y sufre la época del hambre en Irlanda. Tercera parte: el hombre regresa, sin tener un propósito claro, al lugar de donde partió, que ha sido destruido por diversas razones y se percata de ciertas verdades con las cuales se intenta cerrar el círculo.
Por detrás de la lectura podría haber claves ¿se trata de la búsqueda de otra parte de sí mismo? ¿De un viaje de transición? Pero no apetece elucubrar sobre lo que allí no se nos ofrece. No es un libro de filosofía ni de historia, al fin y al cabo.
He aquí algunas frases del autor que parecen componer un resumen:
¨¿Y para qué?  Por la misma razón por la que papá soltó a su padre en el bosque de abedules para que muriera, por la que la abuela Godkin atormentó a la pobre loca de Beatrice, por la que Beatrice le hizo creer a Martha que Michael estaba en el cobertizo en llamas, por la misma razón que provocó todas esas tragedias absurdas, la razón que no tiene nombre¨
¿Cómo que no tiene nombre? Pues con tanto que ha imaginado y escrito el candidato a Premio Nobel, ya podría haber inventado alguno. Porque esta obra suya, después de un entusiasmo que promete, se va desinflando como un globo de feria.

                                             COMENTARIO ADORMECIDO

Señores: yo ya estaba adormecido
Leyendo y releyendo la novela;
Muy candidato a premios, no lo dudo,
Aunque este libro a mí no me desvela.

¿Pero qué hago yo aquí, me preguntaba,
Si aún con frío ya llegó la primavera,
La tradición de siglos de las procesiones,
Si hay ganas de comer torrijas fuera.

¿Será que es un asunto muy de Irlanda?
Me agrada el comentario tan pulido,
Mas mi intelecto no está para hazañas
Que tarden tanto en poner nudo al hilo.

Sabiendo ya que en él la editorial
Ha puesto prensa y mercadeo por mil,
Me impongo en penitencia meter lupa
A alguna otra novela de Banville


                                                             Angélica