viernes, 16 de junio de 2017

Tertulia del 26 de Mayo de 2017

Novela: Una voz escondida

Autora: Parinush Saniee

Lugar: Casa de Vicky


Asistimos:
María Eugenia
Lola
Nieves
Vicky
Pilar
María José
José Antonio
Angélica (moderadora)
Graciela (cronista)
Las ricas viandas consistieron en:
Tortilla, kiche, ensalada, pimientos rellenos de bacalao, salmorejo, embutidos, kutchen de frutas y trata de almendras
Vinos blancos y tintos y bebidas en general
Pasamos a la elección del libro para la próxima tertulia. Hubo empate entre Diario de un cazador de Delibes y  La Regata de Manuel Vicen
Se acordó leer la primera para la tertulia de junio y la de Manuel Vicen para Julio
Las palabras elegidas para el relato o poesía fueron: Calma y Banco
Moderará María José y Pilar hará la crónica.
A continuación María José expresó sus opiniones sobre el libro:
Le pareció entretenido, una sociedad patriarcal en la que el padre decide todo en la casa, con un carácter desagradable que amarga a todo el mundo bajo ñla apariencia de que los quiere mucho y todo lo hace por su bien.
Destaca dos puntos de vista:
El niño mudo
La madre heroína, defensora del niño y de la sobrina que tiene que abortar y no hay  otra persona que le ayude.
Disfrutó con la lectura

Vicky  observó a una madre protectora frente a un padre abusador, la abuela Bibi, salvadora del mudo y conseguidora del habla del mudo. Aporta que está basada en un hecho real y que existe una versión cinematográfica llamada “El padre del  otro”
Nieves opina que el padre no da refuerzos positivos al niño frente a una madre quejosa de todo en su vida. Le pareció una novela agradable pero no maravillosa.
Es como un cuento para apoyar y amar a los hijos y también destaca a la abuela como un ser positivo
Lola opina que es sencilla de leer pero sintió la angustia ante la posibilidad de el protagonista matase a su herma como castigo. Resalta la represión sexual sobre los jóvenes en Iran

Graciela dijo:
Este libro es un diamante. No sólo cuenta de maravilla la historia de un niño que no quiere hablar. Es la historia de miles de niños “diferentes”, que se salen de la vulgaridad cotidiana, de lo que se espera de ellos. Los padres queremos que nuestros hijos sean los más listos, los que saquen mejores notas y jueguen al futbol como el propio Messi.
Proyectamos en ellos nuestras frustraciones y nuestras ilusiones. ¡pobres niños!. Que carga les encomendamos: horas y horas de estudio, de deberes y de extraescolares, sin tiempo para jugar, estar con los amigos y leer cuentos con los padres. Shahab tuvo suerte con su abuela Bibi, quien supo descubrir en ese niño mudo un ser extraordinario, una imaginación desbordante y una creatividad excepcional. Una mente portentosa pero diferente y eso era malo. Como veía las letras y los números de colores, las palabras no eran solo conjuntos de letras, cada una encerraba un mundo propio, hasta se compadece de la gente “bien de la cabeza” porque viven en un mundo sin colores. ¡Qué excentricidad! Una más en su pequeño cuerpo retraído en su “no hablar”, tan empecinado en esa intimidad sólo suya y en los pocos seres en los que  confía y ama. Que sufrimiento sentiría ante las constantes humillaciones, hasta considerarse él mismo un tonto y un inútil.
Que comprensible el rencor hacia ese padre que lo rechaza constantemente, incapaz de darle un ápice de cariño, una muestra de afecto.
Tampoco creo que ese padre fuera consciente de su mal proceder. No sabía hacerlo de otro modo, Así fue educado.
La madre, sometida, mujer en un país islámico y falto de libertades, hábilmente apuntado en el libro pero de forma soterrada y a pesar de esa suavidad, el libro fue prohibido en Irán.
Me ha parecido una novela sublime, tierna, unos personajes perfectamente psicoanalizados .
Solo me ha quedado la necesidad de conocer un poquito más el Irán apuntado y no explícito, una auténtica joya y una felicidad leerla. Con libros así, no dan ganas de ir al gimnasio

Ofelia
La autora en esta novela hace un paralelismo entre la historia personal de Shahab y la sociedad iraní, dominada por el Islam y la censura que padece.
Hace más hincapié en el aspecto social, no de toda la sociedad, sino de su célula elemental, la familia, y deja de lado el tono político. Yo no creo que la novela se trate tanto de denunciar la sociedad iraní, sino la incomunicación y soledad del individuo en el seno de la familia.
Esas pinceladas del tejido social se aprecian en la experiencia de su prima Fereshteh, perseguida por besarse con su novio en el parque, símbolo de la represión de un sistema que pretende limitar incluso las manifestaciones afectivas. También pone de manifiesto el papel de la mujer cuando su madre no puede tomar decisiones sin el consentimiento de su marido. Protagonismo de “el qué dirán” frente a los sentimientos.
A pesar de esa denuncia social, lo que más me ha impresionado es lo que se esconde tras el silencio de un niño (sus frustraciones, su falta de afecto, su timidez, su incomunicación…) y la sutileza de cómo se van perfilando los personajes. Novela de fácil lectura, con una escritura sencilla, ligera y, a la vez, profunda:
Shahab, niño de cinco años que se encierra en un universo propio, una historia de silencio que se convierte en un grito de protesta y que, a la vez, le proporciona seguridad. Guarda silencio porque la obsesión de los que le rodean por que hable le paraliza y ninguno consigue suscitar en el niño la suficiente confianza para comunicarse. Tiene una intensa vida interior y no pierde detalle de cuanto sucede. Incluso a veces se venga de quienes se burlan de él.
El silencio es un arma, quizá la única con la que Shahab cuenta para reclamar la atención y el cariño que su padre nunca le ha dado.
Shahab tendrá que pasar por muchas pruebas para encontrar su voz (perderse, vivir con extraños y pasar unos días con su abuela, que se nos muestra entrañable).
La abuela Bibi “los ancianos, aunque no habíamos estudiado tanto como vosotros, manteníamos una relación más sencilla con nuestros hijos. Tenían menos problemas y crecían de una forma más natural. ¿Sabes qué pasa?. El que escribe su historia tirando de corazón no necesita libros ni cuadernos, ya para leerla no hace falta haber estudiado” (pág. 90).
El padre, “Naser era hombre honrado, trabajador, el puntal de la familia, pero le faltaba algo, algo que tendría que haber aprendido de niño y que no le habían enseñado. No sabía expresar sus sentimientos. Para él las demostraciones de afecto eran bobadas. Le daba vergüenza hablar de lo que sentía. Básicamente, todo lo que no tuviese que ver con la razón, para él no tenía ningún valor. Era superfluo. Quería que las cosas fuesen siempre perfectas y no perdonaba el más mínimo error” (pág. 90).
Comentaba Asi, uno de los amigos imaginarios de Shahab: “Los hijos buenos, sanos, guapos e inteligentes son de los papás y los estúpidos,feos y enfermos, que no saben hablar, son de las mamás” (pág. 92).
La madre, Mariam. Es la única capaz de comprenderle, de defenderle ante la indiferencia del resto de la familia, incluso con mentiras “piadosas”. Ella también calla en silencio su frustración por una vida que no había elegido. Estudió una carrera universitaria y, tras la maternidad, renunció a su vida laboral para cuidar de la familia. En Irán la familia y las tradiciones tienen un gran peso específico y la religión y la ley no permiten la igualdad de las mujeres. Es una sociedad dominada por los hombres. Recordemos que Mariam llega a sentirse culpable del silencio de Shahab, un sentimiento que exaspera a su marido y a su familia política.

Sólo un ápice de humor: “La madre de Josrow ante los comentarios desagradables de su marido hacia él, decía ¡os equivocáis, mi niño les da mil vueltas a todos los demás”
Y Shahab “y yo me quedaba mirando a mi primo para ver si se ponía a dar vueltas a alguien, pero eso nunca pasaba” (pág. 15).

Amargura:
“El día que descubrí que era tonto me volví especialmente sensible a esa palabra. Cuando me llamaban “tonto” me ponía furioso, chillaba, rompía algo o pegaba a alguien, y siempre montaba una buena. Sin embargo, en el momento en que acepté la realidad, mi estado de ánimo cambió… buscaba de inmediato un rincón en el que esconderme. No había nada que me hiciera feliz. Aquella sensación me duraba mucho, a veces hasta dos días. ¿Sabéis lo que son dos días para un crío de cuatro años? Quizá lo mismo que uno o dos meses para un adulto.
Cuando reaccionaba con violencia salía mejor parado, por mucho que me castigaran, me riñeran, me pegaran y me pusiera a llorar. Al menos todo pasaba deprisa. No se alargaba más de dos horas” (pág. 12).
… “cuando me llamaban “tonto” se reían, y yo creía que era una palabra bonita. No sabía que la gente pudiera reírse por otro motivo que no fuera estar contento.” (pág. 13).
“Antes de descubrir la amarga verdad, los días eran más plácidos. Podía pasarme horas dando vueltas por el pequeño jardín de casa y dedicarme a observar la tierra, las hojas y las lombrices que asomaban después de la lluvia, y descubrir algo nuevo a cada instante. El arbolito del jardín era un amigo atento que siempre florecía cuando volvíamos de viaje de Fin de Año. Sabía que florecía de felicidad, porque aquello pasaba una sola vez y justo a nuestro regreso. Al cabo de unos días, se le caían las flores y cambiaba de aspecto para luego regalarnos exquisitas cerezas rojas. Todos creían que era natural que salieran frutos pero yo sabía que lo hacía para darme la bienvenida a mí, que lo quería más que los demás.”
 “El día en que comprendí que, en realidad, ser tonto no era nada bueno fue un día terrible” (pág. 14).

José Antonio
Ha sido una sorpresa grata la lectura de este libro que es un autentico tratado sobre la autoestima
Un tratado duro y cordial y a la vez  una reflexión sobre la sociedad iraní
Las contradicciones de una sociedad teocrática de culpa y represión,  Parinush Saniee , la describe con un realismo amable, no le gusta, apunta situaciones terribles de represión: la necesidad de esconderse, los tipos crueles que aparecen, sin caer en la tentación de recrearse en ellos, le basta con apuntarlos. La habitación sórdida encima del supermercado, el dueño pederasta pervertido, los azotes, el trato cruel de la policía, la burocracia…
Y el amor
El amor de la madre (obsesivo y equivocado), las contradicciones del padre,trabajar, trabajar y trabajar , el éxito de sus hijos como valor propio. El rechazo , la culpa
La hipocresía del primo, que miente y acaba siendo rémora, el cotilleo, la legua afilada y cruel de la familia de Naser
Es interesante como apunta al castigo de dios por no ser un fiel creyente
La religión como control
El amor de la abuela o el de la familia que lo recoge
El amor incondicional… ¿termino budista?
¿El amor con condiciones?...
La frustración de la madre… haciendo las cosas en una queja permanente
No basta con hacer, hay que hacer bien y con alegría
(al trabajo se viene llorado de casa, dicen por ahí)
Dicen los que saben (Rocío Carmona)
Que la autoestima es:
Es el conjunto de ideas, percepciones e imágenes que una persona tiene de uno mismo.
Es la calificación que cada uno se da como persona o en relación con algunos aspectos de sí mismo como habilidades, apariencia, conducta, experiencias del pasado...
Es cómo nos sentimos respecto a cómo nos ven las demás personas.
No es voluntaria y se va formando a través de las condiciones de vida y de las experiencias personales y que hemos vivido como significativas.
En la boda de mi hijo , teníamos que contar algo y hablamos de que la obligación de los padres es intentar que los hijos sean felices, que se quieran, que los quieran y que quieran
Lo demás es accesorio
El reconocimiento del padre de Arhas , en el discurso final de que el no ha tenido la culpa del éxito de su hijo es emocionante
Me gustó

Angélica

Una voz escondida. Parinoush Saniee
Me cuesta mucho apreciar la hondura tan ponderada de este libro, sin apenas conocer el entorno en que fue escrito. Una lectura general y con distancia emocional permite de bulto distinguir la rabia desesperada de un niño con severas dificultades de relación.
Permite evaluar someramente una familia  relativamente bien integrada en su entorno, adaptada al designio de unas normas de comportamiento personal y ciudadano imposibles de cambiar y haciendo una vida  sin rebelarse. Si alguno lo ha hecho, ya estará sometido a la cárcel o a la propia desesperanza adquirida. Hay una ´gran desproporción en muchísimos países hoy en día entre el poder político y quienes se oponen a él. Y quienes se oponen están sometidos a la cárcel o la desesperanza adquirida y no viven en Irán.
Pero las imágenes del libro que deben reflejar un trasfondo en cada parte de la trama, se me escapan.
De Irán qué se yo?   Que es parte de la antigua Persia, que la capital es Teherán.  Que desde la caída del Sha es una teocracia. Que Persépolis en una joya turística, que sus poetas a través de los tiempos han ensalzado el amor, las mujeres y el vino, pero que está prohibido el alcohol…Bien poco sé de un país “complejo y contradictorio”, según leo en los artículos de prensa sobre la última reelección democrática del presidente Rohaní. El menos radical de los candidatos, afortunadamente,  en un país con la herencia de una de las civilizaciones más antiguas y ricas en matices del planeta.
Quizás vale decir en torno al libro que las actitudes machistas que allí se presentan  tienen también en occidente un contrapeso que puede equilibrar la balanza de abusos y que las actitudes de sometimiento femenino, con o sin leyes discriminatorias, son también comparables a las de cualquier población rural de América del Norte o del Sur y a muchos pueblos de Europa.
Pero el drama verdadero del niño, su miedo, su inmersión en la compañía de amigos imaginarios, su rabia, su mudez patológica, el “caso real” pues, es una situación clínica  medianamente resuelta. En primer lugar por parte de la madre, con su amor, comprensión y fe en las potencialidades de Shahab y en segundo término, con la oportuna acción de una abuela de aguda inteligencia.
La rabia recóndita del principal personaje no termina de aliviarse nunca. Siempre percibió a su propio padre como el padre de otro, el sentimiento de rechazo contra él no fue resuelto; no lo siente su padre, lo rechaza como tal, es “el padre de Arash”.
¿Cómo se percibe en Irán esta alegoría? No lo sé.
El libro es a mi juicio interesante en cuanto reflejo de un ambiente político, especialmente para quien lo conozca mejor y es útil para la comprensión de casos psicológicamente similares al del niño del que trata.
Seguramente cada uno de los personajes es reflejo de una parte del sistema de valores que rige en el país, probablemente la trama, a ratos predecible, es comparable con las actuales instituciones de Irán.
 Pero lo que está por verse es si esa rabia de Shahab contra el padre, existe como sentimiento generalizado en Irán contra  el sistema, si tendrá alguna válvula de escape, si la adaptación de los ciudadanos es  mayoritaria y  si no lo es… cuándo explotará esa rabia  y cómo.
La tapa del libro nos dice que  “toma el pulso a la sociedad con una historia en la que el silencio cobra la fuerza de un grito de protesta”. Pues será… Más allá de ciertos estereotipos, de la situación obvia  de que los iranies están viviendo bajo  una dictadura religiosa y de que eso nos haga agradecer entre otras cosas que  haya leyes paritarias, que no hay problema en comer cerdo, beber licor, bailar hasta rendirnos, vestirnos y actuar sin pudor alguno, no puedo aventurar mucho más.





Relatos:

Relato de Ofelia
HIJA – AGUA

No pises los charcos, que te mancharás.
No hables con la boca llena.
No corras, que te caerás.
No te vayas sin coger el paraguas, que si te mojas, te constiparás.
No te muerdas las uñas.
No te pelees con tu hermana.
No llegues tarde a casa….

Eran las advertencias que le hacía a su hija cuando era pequeña.  Ahora ya ha crecido y ella se ha hecho mayor, muy mayor. Los papeles se han invertido y no para de escuchar:

-          No eches más azúcar al yogur.
-          No hagas eso, que te vas a caer.
-          No te olvides de tomarte las medicinas.
-          No te olvides las llaves.
-          No puedes comer tanto, que te hará daño.
-          No tomes café a estas horas, que no vas a poder dormir esta noche.

En el fondo, se siente muy feliz. Tiene a una persona muy especial que se ocupa de ella y la quiere. Ya va siendo hora y le dice:

-          “Anda, acércame un vaso de agua, que me toca la pastilla”.




Relato de Graciela

Carmen estaba embarazada de siete meses y le tocaba revisión ginecológica: como buen manchega, decía que iba “para que le vieran al chico”. Hacía un día de perros, el agua de la lluvia chorreaba por los canalones de las estrechas calles de Toledo y por sus pendientes caminaba como por rápidos riachuelos, empapándola tanto por arriba como por abajo. El paraguas protegía algo, pero, a todas luces, era insuficiente.
Llegó a la consulta del ginecólogo. Esperó tanto tiempo que fue la última en ser recibida. Bueno: paciencia.
Por fin llegó su turno, se quitó la ropa y pasó a la postura del potro. Algo desagradable pero que hay que pasar.
El médico empezó el reconocimiento y le dijo:
-Bueno Carmen, ahora flojita
Carmen Obediente aflojó y tanto aflojó que se le escapó un pedo. En toda la cara del buen señor. Nadie dijo nada, pero Carmen deseo con toda su alma que el piso se la tragara. El infierno pasó por su cuerpo y no respiró hasta salir a la calle. Ni oyó lo que dijo el médico, ni cuando la próxima revisión, ni nada de nada: Solo quería morirse
En su cabeza sólo resonaba:
“El pedo, el pedo, el pedo….
En el portal frenó de golpe. Seguía lloviendo a cantaros, tenía que recoger a su hija en casa de la abuela, una media hora callejeando entre ríos y canalones chorreantes
¡Se había olvidado el paraguas en la consulta!
Sopesó lo pros y los contras de volver a por él o llegar a casa con pulmonía.
Sumida en estas agonías, decidió subir a por su paraguas.
El valor le duró hasta que el mismo médico fue quién le abrió la puerta . Carmen sólo pudo balbucir:
-Perdón, pero he olvidado mi pedo.


Relato de José Antonio

-Buenas
-Buenas, usted dirá
-Es que me han dado esto en el metro
-¿A ver?
El padre de Yasmin, entrega una octavilla escrita con letras azules al Sr. Kalimba
Pero… requiere una explicación
El que entrega la octavilla, que a su vez le he dado yo en “A las cinco pego un brinco”  es Josue, un hombre hecho a sí mismo
Del  que me entregó la octavilla a mí , no tengo referencias, creo que es consecuencia de la externalización del departamento de Maketing del Dr. Kalimba
De Yasmin, tampoco sé a ciencia cierta. Conozco su existencia por la curiosidad que mató al pez… Estaba en un bar cuando oí decir, al que después supe que se llamaba Josue, que su hija había roto con Edison (que tampoco conozco) que en la noche anterior lloraba, hasta el punto de dejar inservible un mantelito que el tal Josue había reciclado del comedor de los servicios centrales del BBVA, adonde  había ido para arreglar un calentador industrial. Que al ver a Yasmin hecha un mar de lágrimas, el mismo se había apenado. Y que ser padre es muy difícil, que su esposa (colegí que se llamaba Celeste) nunca estaba en casa porque era muy solidaria y siempre estaba en una ONG que tiene su sede en la iglesia de D. Mateo, perdón. La iglesia de Santa María de la Cinta, que D. Mateo es el párroco, ecónomo y administrador. Y que al verla así y sin saber que hacer y con el mantelito de papel (el que trajo del banco) estropeado, fue a la cocina lleno un vaso de agua y le dijo a la hija
-Bebe agua, te hará bien
Josúe ,  en este punto, apoyado en la barra del bar y hablando con un señor del que, sinceramente, no puedo dar noticia, había terminado la cerveza y a lo sumo quedaban dos o tres aceitunas en el platillo de la tapa.
Me apenó
Y le dije a la camarera:
-Julia, guapa, pon otra ronda de lo que estén bebiendo a esos señores
Lugo me acerqué y le dí la octavilla, que ahora Josué le está dando al Dr. Kalímba
A mí me la habían dado en el metro, la guardé en el bolsillo para no ensuciar la acera y por lo que pudiera suceder que el que guarda halla.
Empezaba diciendo:
Maestro Kalimba, se hacen trabajos a buen precio y garantizados de ataduras, mal de ojo y desgracias en general. Con referencias, recomendado por la AICHC (Asociación Internacional de Chamanes y Curanderos).
Espero que le vaya bien


Relato de Angélica

Palabras de mayo: hija y agua.
El hombre ajeno  (De: Canciones del Exilio)
Aquí estoy yo
Orillado a este asombro
Verde de pinos.
Con preguntas inútiles
Que cualquier niño evade.
Aquí estoy
Y el agua no refleja los puentes.
El destino desciende
Hacia una historia
Ajena.

Atardecer  (De: Canciones del exilio)
La hija ha vuelto
Con batallas ganadas y perdidas.
Cuando el bambú
Se niega a la memoria estiva,
La hija ha vuelto.
La tarde es un ardor
De chicharras
Un color de refranes antiguos.
La hija ha vuelto
Con la sonrisa

De una santa de estampa.