lunes, 30 de noviembre de 2015


Tertulia del 27 de noviembre de 2015


CRÓNICA DEL LIBRO VERDE AGUA, DE MARISA MADIERI

Para comentar este libro, nos reunimos el viernes, 27 de noviembre, en casa de Lola, los siguientes tertulianos: María Eugenia, Graciela, José Antonio, Lola, Vicky, Ofelia, Pilar y yo (María José)

Estuvimos menos que de costumbre pero resultó una tertulia muy agradable. Como siempre, nos pusimos morados a comer.

Voy al grano:

Madieri, Marisa, Verde Agua

Verde Agua es una pequeña joya escrita a modo de diario en el que la autora, Marisa Madieri, ya en su incipiente madurez –comienza este diario con 43 años y lo finaliza con 46-, alterna episodios de su vida actual con otros centrados en el recuerdo de su infancia, primero en Fiume, actual Croacia, y luego en Trieste, Italia, una ciudad fronteriza, con más aspecto de urbe centroeuropea que mediterránea, ya que fue en su momento, la salida al mar del Imperio Austrohúngaro.
Mediante el relato de Marisa Madieri conocemos las penalidades que pasaron los exiliados italianos procedentes de Istria, en los guetos que se les adjudicaron y que, en la mayoría de los casos ocuparon durante años. Sórdidos cuartuchos que compartían familias enteras ubicados en un antiguo silo, donde las estrecheces y la miseria pusieron a prueba a estos seres marginados por querer vivir en su patria.
Madieri logra tocar el corazón del lector gracias a una mezcla de narración infantil, como si nos hablara la niña que fue y que se quedó para siempre entre la casa de sus tíos en el Lido de Venecia, el internado y el Silos; y otra narración paralela que nos habla de la injusticia y el horror de la guerra y sus consecuencias: el sufrimiento que siempre arrostran los más débiles.
Con todo, lo mejor del diario es el sentido poético que Marisa Madieri sabe dar a todo el texto que queda impregnado, de principio a fin, de un sentimiento lírico que casa perfectamente con la historia que se nos cuenta.
Es también una narradora poco pretenciosa porque, en fin, nos ofrece tal abanico de sentimientos que todos identificamos como propios a través de una prosa limpia que no necesita recursos literarios ajenos a la propia vida. Así nos cautiva y nos obliga a quererla. Dice, el 15 de junio de 1983, tras su reveladora lectura de Guerra y Paz: “La vida, pues, afuera, era grande, bella, dolorosa y sagrada y yo un día la alcanzaría”.
En capítulos muy cortos, nos va contando todo lo que pasa a su alrededor: lo grande y lo pequeño, el exilio, la pobreza, la cárcel, las muertes que se suceden de abuelos, tíos, tías, las enfermedades, empezando por la suya. Pero también, pequeñas historias conmovedoras como la del gorrión que cuidó con su hermana, malherido después por un gato y que se acurrucó en el hueco de su mano para despedirse de ella un día antes de morir.
Asimismo, conocemos el frío del Silos en invierno y cómo la madre se desvive por ella calentando agua para que meta los pies entumecidos mientras estudia. Y lo más delirante: (la madre) se aprende el alfabeto griego para ayudarla con los deberes porque ha suspendido esa materia. Este personaje, la madre, es sencillamente admirable: copia los partes meteorológicos que dan en la radio para la abuela Quaranttoto y no consiente que las hijas hagan trabajos duros como lavar la ropa. Sólo desea que estudien para que no tengan que llevar una vida tan dura como la suya.
Sorprende ver con qué alegría y naturalidad relata la miseria que padecieron durante la vida en el Silos: el olor constante a legumbres cocidas, los ruidos provocados por la falta de intimidad en los box, la comida reducida en ocasiones durante varios días, a alubias. El dinero que entraba en la casa era tan escaso que sólo se podía destinar a la comida.
Cabe destacar la manera en que intercala fechas donde se relatan minucias con otras que cuentan la historia de Italia y de Europa. Así también, hay días que son  trascendentales en la vida de la protagonista, como el día en que, volviendo de la playa, piensa en su ciudad, Fiume, y descubre que ya no la añora que de repente se siente de Trieste, siente que está en su casa. Mientras que otros días pasan con pequeñas incidencias cotidianas.
Con la sencillez de su escritura, nos imaginamos lo que debió vivir su familia cuando, por fin, pudo salir del Silos y comprarse el piso de la calle Picardi: ese milagro de tener ventanas o el hecho de contar con habitaciones separadas.
Estupendo el retrato de la abuela Quaranttoto, esa vieja egoísta y dominante que tiene a la hija en un puño. De la abuela Anka dice: “A la abuela Anka le gustan las cosas y los hechos que permanecen. Por eso no teme el transcurrir del tiempo, que arrolla solo a los individuos”.
Conmovedora en su claridad de diario la enfermedad y muerte de la madre.
La última entrada del diario, del 17 de noviembre de 1984, está cargada de sentimiento y de serenidad, muestra cómo la autora se reconcilia con su vida y se va despidiendo del diario y parece que de la vida. Es de suponer que estaba ya enferma aunque murió once años después de esa fecha.

El libro, gustó a unos más y a otros menos. Para Graciela fue un libro muy duro porque le hizo sentir el tema del exilio como propio. El de su familia emigrando de Cuba a Estados Unidos

María Eugenia encontró demasiada poesía en el relato. Dijo que le sobraba para contar una historia de exilio y desarraigo. También que se cuentan vidas que no son las de los héroes, "vidas mínimas".

Para Vicky, cuenta una vivencia colectiva, además de la individual de la autora, con el agua como hilo conductor.

Pilar entendió que tras la historia de la familia y el exilio subyace el tema de la enfermedad de la autora que convierte la historia en un drama personal. Le pareció un libro "muy triste".

A Ofelia le cautivó la prosa poética de Marisa Madieri, "elegante, cautivadora y sutil". Poética también en lo que no se dice, en lo que se intuye, en los sentimientos que provoca. Le llama en especial la atención el personaje de la madre, "con una vida gris y secundaria" y entiende que es un canto a esa mujer que se sacrificó siempre por sus hijas para que tuvieran una vida mejor que la de ella. Para Ofelia, es un libro optimista que muestra a una mujer que, tras las duras experiencias de su vida, ha aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas, del presente. Destacó también la importancia de las ventanas en el relato: por las que la joven se asoma a la vida.

Los libros que se propusieron para la próxima tertulia, que se celebrará ya en el mes de enero de 2016 (día 29), fueron:

- Vila-Matas, Enrique, El mal de Montano

- Mendoza, Eduardo, El misterio de la cripta embrujada

- Joyce, James, Diario del artista adolescente

- Del Paso, Fernando, Palinuro de México

- Nair, Anita, El vagón de las mujeres

Ganó El vagón de las mujeres, a propuesta de Graciela.

Por último, María Eugenia leyó el cuento "Espiral", de Enrique Anderson, argentino.
José Antonio leyó un poema propio que nos cautivó a todas, "Entre iguales", contra el maltrato machista.
Vicky, leyó un escrito propio: "Viva Chile, mierda¡"
Graciela, leyó un poema de Pascual López Sánchez, "La andelma", de tinte lorquiano.

Ay, exhausta estoy¡¡
Como se puede apreciar, nos cundió muchísimo¡ 


¡Ah! y unas fotitos: