viernes, 3 de julio de 2015

 La Tregua (Mario Benedetti). Viernes 26 de Junio 

Nuestro Viernes de Novela convocó en la Casa de las Flores a Vicky, Lola, Mari Carmen, Mª Eugenia, Mª José, Mercedes, Ofelia y a su amiga Aurora. Se han sentido algunas bajas con ocasión de las escapadas estivales… Os echamos de menos.
Para la mayoría, Benedetti era nuestra primera experiencia.
La Tregua narra la historia de Martín Santomé, un empleado viudo de Montevideo a punto de jubilarse, que abarca los últimos meses de su vida laboral. Según va avanzando la lectura nos embarga la tristeza. Su vida se desenvuelve en una atmósfera gris y rutinaria, de la oficina, a la casa o al café, donde vive con unos hijos ya adultos con los que mantiene una relación anodina. La frustración y la ausencia de motivación protagonizan cada página.
El tema principal del libro es precisamente su título, ese periodo de tiempo que la vida ofrece al protagonista donde descubre su verdadero amor por la joven oficinista Laura Avellaneda. Esta inesperada relación amorosa, supone para Santomé un soplo de aire fresco, un espacio de liberación y felicidad personal en su lucha cotidiana contra el tedio, la soledad y el paso implacable del tiempo. Es en el tiempo que pasan juntos, en el diálogo y las preguntas que se hacen mutuamente cuando se reconoce a sí mismo y analiza lo que fue y fueron sus sentimientos hacia su mujer. Avellaneda habla de la relación de sus padres y de los sentimientos que pueden unir a dos personas.
Es un libro que no te deja indiferente, a la vez triste y melancólico, pero profundo. Como buen diario, hace una serie de reflexiones y apreciaciones con mucha agudeza y sensibilidad, de la clase media uruguaya, ese ocio tan esperado, su soledad, Dios, las mujeres de su vida, los sentimientos… Laura Avellaneda despierta en Martín Santomé sentimientos que creía enterrados. Se arriesga, alquila un piso sin saber si Laura le va responder. El autor nos regala una de las definiciones más poéticas “ella (Avellaneda) me daba la mano y no hacía falta más… Ella me daba la mano y eso era amor.”
Me ha parecido apropiado citar un poema de Benedetti que tiene mucho que ver con el hecho de enamorarse y que aquí transcribo:

“Cuando uno se enamora
las cuadrillas del tiempo
hacen escala en el olvido
la desdicha se llena de milagros
el miedo se convierte en osadía
y la muerte no sale de su cueva.

Enamorarse es un presagio gratis
una ventana abierta al árbol nuevo
una proeza de los sentimientos
una bonanza casi insoportable
y  un ejercicio contra el infortunio.

Por el contrario,
Desenamorarse es ver el cuerpo como es
y no como la otra mirada lo inventaba
es regresar más pobre al viejo enigma
y dar con la tristeza en el espejo”.


En general, nos ha costado encontrar el interés por la historia, meternos en ella. Empieza triste, gris y rutinaria, como la vida que lleva Martín Santomé desde que se ha quedado viudo y ha compaginado la crianza de los hijos con la monotonía de su trabajo burocrático. Al principio solo describía pequeñas emociones y poco a poco va desarrollando una gran capacidad de observación y crítica sobre todo lo que le rodea, dejando de ser un personaje anodino para convertirse en nuestro auténtico protagonista.
Todas estamos de acuerdo en que refleja la sociedad de principios de los 60, ese Uruguay considerado “la Suiza de América”, con su esplendor social superficial, que se desmorona cuando se hurga un poco.
Hay una serie de citas que reflejan la corrupción, la resignación, los rebeldes que se vuelven semirebeldes, los semirebeldes resignados (pág. 57), la mentira de la prensa y los medios de comunicación, una aguda descripción de la ambición por sentarse en los butacones directoriales (pág. 123). Como dijo Mercedes, la mayoría coincidimos en que se trata de una obra atemporal, de vigente actualidad
También trasluce la intolerancia de la época en temas como la homosexualidad de su hijo, toda una tragedia para Santomé, o la relación con las mujeres. Se debate entre los convencionalismos sociales y lo que realmente desearía, se cuestiona el matrimonio como solución para él o para Avellaneda.
Hemos disfrutado de descripciones maravillosas, juega con las palabras y su significado. Matiza la diferencia entre “fallecer” y “morir”, más profunda y dolorosa. Con la ausencia de Avellaneda se fueron las ganas de vivir y sólo queda la muerte en vida del protagonista.
Vicky nos llama la atención sobre la manera que tiene de referirse a Laura por su apellido, incluso en la intimidad de su diario. Se discutió sobre el sentido que quiso darle Benedetti, quizás distancia o prudencia para no equivocarse en público.
También se detiene en lo bien cerrada que está la narración amorosa, que se va afianzando poco a poco. Comienza siendo una historia de soledad, para volver al punto de partida. Por eso se cuestionó si se trataba de una historia de amor o una historia de soledad, coincidiendo la mayoría en ésta última.
Lola indicó que es la historia de una tristeza que no te mata, pero que te quita las ganas de vivir.
Al final, se echan de menos sus anotaciones en el diario a medida que vuelve a quedarse solo.
Se mencionó lo apropiado del prólogo de Vázquez Montalbán, “que suscita una reflexión sobre lo individual y lo coral, al tiempo que evoca su propia vida, convoca la de los otros y se pasa del yo al nosotros”.
He de confesaros que, como anfitriona, me encontraba un poco intimidada, era mi primera vez… pero disfruté mucho compartiendo mi buen hacer culinario con todas vosotras.
Personalmente, considero que la reunión fue muy fructífera y que la novela dio mucho juego, discutiéndose temas como la vejez o la percepción del tiempo. Todas pensamos que la vida es un continuo aprendizaje, esa inquietud que no tiene edad y que es un gran aliciente para seguir adelante.
No hubo relatos, pero Mª Eugenia nos deleitó con la lectura del poema “No te rindas” de Mario Benedetti, ante el que todas sucumbimos gracias a su maravilloso recital, pausado y sentido. También recordamos “No te salves”, favorito de Mª José.
Como ya ha adelantado Vicky, se decidió por unanimidad proponer dos lecturas para este verano. Una corta, “Veinticuatro horas en la vida de una mujer”, de Stefan Zweis, con la intención de inaugurar una tertulia a finales de julio (día 31) y, otra larga, para el mes de agosto (día 28), a cargo de Leonardo Padura con “el hombre que amaba a los perros, que consiguió la mayoría con el recuento de votos “por correo”.
Otras propuestas han sido: “Así empieza todo” de Javier Marías (5 votos) y “Bomarzo” de Manuel Mujica Láinez (4 votos).
También se habló de retomar otras propuestas como “Carta a D” de André Gorz, “Distintas formas de ver el agua” de Julio Llamazares, “Yo confieso” de Jaume Cabré, “Intemperie” de Jesús Carrasco…

La verdad es que me siento abrumada, sois una fuente inagotable de propuestas literarias. Es una suerte contar con vosotros. Gracias.


No te rindas

No te rindas, aun estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.

Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas, quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.

Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque ésta es la hora y el mejor momento,
porque no estás sola,
porque yo te quiero.


Mario Benedetti

NO TE SALVES
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
                no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
            pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
                    entonces
no te quedes conmigo.

Mario Benedetti