La Tregua (Mario Benedetti). Viernes 26 de Junio
Nuestro
Viernes de Novela convocó en la Casa de las Flores a Vicky, Lola, Mari Carmen,
Mª Eugenia, Mª José, Mercedes, Ofelia y a su amiga Aurora. Se han sentido
algunas bajas con ocasión de las escapadas estivales… Os echamos de menos.
Para
la mayoría, Benedetti era nuestra primera experiencia.
La Tregua narra la historia de Martín
Santomé, un empleado viudo de Montevideo a punto de jubilarse, que abarca los
últimos meses de su vida laboral. Según va avanzando la lectura nos embarga la
tristeza. Su vida se desenvuelve en una atmósfera gris y rutinaria, de la
oficina, a la casa o al café, donde vive con unos hijos ya adultos con los que
mantiene una relación anodina. La frustración y la ausencia de motivación
protagonizan cada página.
El tema principal del libro es
precisamente su título, ese periodo de tiempo que la vida ofrece al
protagonista donde descubre su verdadero amor por la joven oficinista Laura
Avellaneda. Esta inesperada relación amorosa, supone para Santomé un soplo de
aire fresco, un espacio de liberación y felicidad personal en su lucha
cotidiana contra el tedio, la soledad y el paso implacable del tiempo. Es en el
tiempo que pasan juntos, en el diálogo y las preguntas que se hacen mutuamente
cuando se reconoce a sí mismo y analiza lo que fue y fueron sus sentimientos
hacia su mujer. Avellaneda habla de la relación de sus padres y de los
sentimientos que pueden unir a dos personas.
Es
un libro que no te deja indiferente, a la vez triste y melancólico, pero
profundo. Como buen diario, hace una serie de reflexiones y apreciaciones con
mucha agudeza y sensibilidad, de la clase media uruguaya, ese ocio tan
esperado, su soledad, Dios, las mujeres de su vida, los sentimientos… Laura
Avellaneda despierta en Martín Santomé sentimientos que creía enterrados. Se
arriesga, alquila un piso sin saber si Laura le va responder. El autor nos
regala una de las definiciones más poéticas “ella (Avellaneda) me daba la mano y no hacía falta más… Ella me daba la
mano y eso era amor.”
Me
ha parecido apropiado citar un poema de Benedetti que tiene mucho que ver con
el hecho de enamorarse y que aquí transcribo:
“Cuando uno se enamora
las cuadrillas del tiempo
hacen escala en el olvido
la desdicha se llena de milagros
el miedo se convierte en osadía
y la muerte no sale de su cueva.
Enamorarse es un presagio gratis
una ventana abierta al árbol nuevo
una proeza de los sentimientos
una bonanza casi insoportable
y
un ejercicio contra el infortunio.
Por el contrario,
Desenamorarse es ver el cuerpo como es
y no como la otra mirada lo inventaba
es regresar más pobre al viejo enigma
y dar con la tristeza en el espejo”.
En
general, nos ha costado encontrar el interés por la historia, meternos en ella.
Empieza triste, gris y rutinaria, como la vida que lleva Martín Santomé desde
que se ha quedado viudo y ha compaginado la crianza de los hijos con la
monotonía de su trabajo burocrático. Al principio solo describía pequeñas
emociones y poco a poco va desarrollando una gran capacidad de observación y
crítica sobre todo lo que le rodea, dejando de ser un personaje anodino para
convertirse en nuestro auténtico protagonista.
Todas
estamos de acuerdo en que refleja la sociedad de principios de los 60, ese
Uruguay considerado “la Suiza de América”, con su esplendor social superficial,
que se desmorona cuando se hurga un poco.
Hay
una serie de citas que reflejan la corrupción, la resignación, los rebeldes que
se vuelven semirebeldes, los semirebeldes resignados (pág. 57), la mentira de
la prensa y los medios de comunicación, una aguda descripción de la ambición
por sentarse en los butacones directoriales (pág. 123). Como dijo Mercedes, la
mayoría coincidimos en que se trata de una obra atemporal, de vigente
actualidad
También
trasluce la intolerancia de la época en temas como la homosexualidad de su hijo,
toda una tragedia para Santomé, o la relación con las mujeres. Se debate entre
los convencionalismos sociales y lo que realmente desearía, se cuestiona el
matrimonio como solución para él o para Avellaneda.
Hemos disfrutado
de descripciones maravillosas, juega con las palabras y su significado. Matiza
la diferencia entre “fallecer” y “morir”, más profunda y dolorosa. Con la ausencia de Avellaneda se fueron
las ganas de vivir y sólo queda la muerte en vida del protagonista.
Vicky
nos llama la atención sobre la manera que tiene de referirse a Laura por su
apellido, incluso en la intimidad de su diario. Se discutió sobre el sentido
que quiso darle Benedetti, quizás distancia o prudencia para no equivocarse en
público.
También
se detiene en lo bien cerrada que está la narración amorosa, que se va
afianzando poco a poco. Comienza siendo una historia de soledad, para volver al
punto de partida. Por eso se cuestionó si se trataba de una historia de amor o
una historia de soledad, coincidiendo la mayoría en ésta última.
Lola
indicó que es la historia de una tristeza que no te mata, pero que te quita las
ganas de vivir.
Al
final, se echan de menos sus anotaciones en el diario a medida que vuelve a
quedarse solo.
Se
mencionó lo apropiado del prólogo de Vázquez Montalbán, “que suscita una
reflexión sobre lo individual y lo coral, al tiempo que evoca su propia vida,
convoca la de los otros y se pasa del yo al nosotros”.
He
de confesaros que, como anfitriona, me encontraba un poco intimidada, era mi
primera vez… pero disfruté mucho compartiendo mi buen hacer culinario con todas
vosotras.
Personalmente,
considero que la reunión fue muy fructífera y que la novela dio mucho juego, discutiéndose
temas como la vejez o la percepción del tiempo. Todas pensamos que la vida es
un continuo aprendizaje, esa inquietud que no tiene edad y que es un gran
aliciente para seguir adelante.
No
hubo relatos, pero Mª Eugenia nos deleitó con la lectura del poema “No te rindas” de Mario Benedetti, ante
el que todas sucumbimos gracias a su maravilloso recital, pausado y sentido.
También recordamos “No te salves”,
favorito de Mª José.
Como
ya ha adelantado Vicky, se decidió por unanimidad proponer dos lecturas para
este verano. Una corta, “Veinticuatro horas en la vida de una mujer”, de Stefan Zweis,
con la intención de inaugurar una tertulia a finales de julio (día 31) y, otra
larga, para el mes de agosto (día 28), a cargo de Leonardo Padura con “el hombre que amaba a los
perros”, que consiguió la mayoría con
el recuento de votos “por correo”.
Otras
propuestas han sido: “Así empieza todo” de Javier Marías (5 votos) y “Bomarzo”
de Manuel Mujica Láinez (4 votos).
También
se habló de retomar otras propuestas como “Carta a D” de André Gorz, “Distintas
formas de ver el agua” de Julio Llamazares, “Yo confieso” de Jaume Cabré,
“Intemperie” de Jesús Carrasco…
La
verdad es que me siento abrumada, sois una fuente inagotable de propuestas
literarias. Es una suerte contar con vosotros. Gracias.
No te rindas
No te rindas, aun estás
a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas, quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.
Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque ésta es la hora y el mejor momento,
porque no estás sola,
porque yo te quiero.
Mario Benedetti
NO TE SALVES
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.
Mario Benedetti