sábado, 6 de junio de 2015

Tertulia del viernes 29 de Mayo


Lugar …...........Casa de María Eugenia
Asistieron-........Jose Antonio, Graciela,Maricarmen,Nieves,Ofelia,Silvia,Vicky,María Jose,Lola,Mercedes y María Eugenia. Lamentamos todos la ausencia de Pilar y de Katty esperando contar con ellas la próxima vez.
Comida.............Mil exquisiteces traídas por todos los tertulianos, como ya es tradición, de las que dimos buena cuenta con apetito voraz. Alguna receta fue requerida por ejemplo la “mazamorra cordobesa” traída por Graciela,que fue objeto de diferentes comentarios que sacaron a relucir los conocimientos culinarios de la mayoría, conversación siempre interesante y amena.

TEMA DE LA TERTULIA.
            Análisis y comentarios del libro    El Pentateuco de Isaac.
            Autor                                             Angel Wagenstein (1922)

Creo que la opinión positiva de todos los tertulianos, fue  unánime y esta vez las discrepancias fueron casi inexistentes.
El libro fue editado  en 1988 y forma parte de una trilogía dedicada al destino de los judíos en la Europa del siglo XX entre la primera y segunda guerra mundial.

El protagonista es Isaac Blumenfield,  un judío sefardí oriundo de Galitzia. Tuvo cinco patrias casi sin moverse de su pueblo natal y  fue enviado a cinco campos de concentración con acusaciones absurdas, la última incluso después de terminada la segunda guerra.
Blumenfield relata en primera persona , la forma en como transcurría el día a día, en un pequeño pueblo de su Galitzia natal, para luego llevarnos poco a poco casi de la mano, al infierno de la sinrazón, provocado por el ajedrez que  jugaban los estados, que por ese entonces se disputaban el poder. Lo último que podía importar era el destino de miles de seres anónimos que habitaban lugares como Kodoletz la villa en que transcurría la apacible vida de Isaac B, de su familia y de sus vecinos.
.Un tema que no se distancia mucho de tantos otros publicados  por diversos autores y que tambien ha sido plasmado en el cine y en teatro en múltiples ocasiones.

El protagonista,  un hombre sencillo con el que rápidamente empatizámos, nos habla de su familia, sus vecinos,  su entorno.  Entre los personajes secundarios destaca con fuerza, la figura del rabino del pueblo, Jaribi Samuel Bendavid, su cuñado. El autor hace un relato “simple” con un personaje que al principio es casi un asombrado espectador y otro secundario que sería el que piensa y analiza la situación. Ambos iran evolucionando influenciados por los graves acontecimientos en los que se ven obligados a participar.

Todos coincidimos al opinar, que lo que diferencia este libro, es la forma en que el autor hace un relato que de alguna manera parece flotar sobre una tragedia  que todos los lectores conocen. No recurre a descripciones detalladas, solo de vez en cuando una pincelada que nos hace volver a la realidad en la mitad de una risa o una sonrisa. Wagenstein utiliza hábilmente un medio que pareciera superficial, los chistes de judíos, para “explicar” la idiosincrasia de su pueblo y para hacernos pensar en el porqué de las cosas que ocurren.

”Aunque Wagestein sabe divertir y entretener al lector, no le ahorra inquietud e incomodidad.”(artículo del periódico Clarín).

“Hay en la novela de Wagenstein, algo que falta en libros anteriores sobre el mismo tema, algo que aparta lo trágico y a la vez lo reclama: el humor” (Stéphane Lêmorel)

Libros propuestos para la próxima tertulia que será en casa de Ofelia el viernes 26 de junio.
Mario Benedetti.................”La Tregua”
Sinclair Lewis....................”Babitt”
Philip Claudel.....................”La Nieta del Señor Linh”
Manuel Múgica L................”Bomarzo”
Gastón Morata.....................”Perfume de Bergamota”
Julio Llamazares..................”Distintas Formas de Mirar el Agua”
André Gotz...........................”Carta a D”
Salió elegido el libro “La Tregua” de M.Benedetti.

Se leyeron además tres poemas muy hermosos, inspirados en un atardecer en el Templo de Debod creados por José Antonio, Graciela y Ofelia y dos cuentos, uno de Mercedes inspirado en sus memorias y otro de María Eugenia sobre el maltrato a la mujer.
No olvidemos que cualquier, poema o relato de los tertulianos será bienvenido. Silvia propuso un tema que también creo que tiene que ver con el Templo de Debod pero que no recuerdo bien.

Quiero decir que para mí fue una velada muy agradable, que espero que todos hayan disfrutado.

Un abrazo.
María Eugenia


Lecturas:

PUESTA DE SOL EN EL PARQUE DEL OESTE. (María Ofelia Sanz Pascual)
La entrada triunfal, arropada por el suave movimiento de las palmeras y la elegancia de los cipreses es el marco idóneo para deslizarnos en otra realidad muy distinta al bullicio urbano que respiramos. 
El parque del oeste resulta un marco inconfundible para presentar el templo, con esos tonos tostados que adquieren reflejos anaranjados con el paso de las horas. 
Su silueta se recorta sobre un espléndido cielo azul, que se torna morado en el ocaso.
Explosión de los sentidos. Captación de estímulos. El oído se adapta a la algarabía infantil. Si entornamos los ojos nuestro cuerpo se concentra en el aroma de la vegetación, el sonido del agua, el rumor de las hojas balanceándose por la suave brisa y las manos se ponen a trabajar rescatando los sentimientos inspirados por este paraje.


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Puesta de sol en el templo de Debod (10 perspectivas) (José Antonio Carmona)

Perspectiva 1
El sol, azorado, se esconde tras el horizonte, la gente aplaude.


Perspectiva 2
Me indigna, miran al sol que agoniza con la cartera vacía. Esta profesión cada día tiene menos futuro (carterista).


Perspectiva 3
Los aplausos a la puesta de sol me despertaron del sueño. Soñaba el sabor de tu último beso.


Perspectiva 4
El sol me dice adiós y tú me dices hola. Mañana no sé donde estaremos.


Perspectiva 5
El horizonte en rojo anuncia el encuentro. Nos vestiremos de noche entre jadeos.
Perspectiva 6
Desde mi ipad la puesta de sol huele a cloroformo.


Perspectiva 7
La puesta de sol iguala el horizonte.


Perspectiva 8
El sol se pone y da su oportunidad a la luna.


Perspectiva 9
Que salga o que se ponga… tú y yo caminamos.


Perspectiva 10
Cuando se pone el sol continuas sabiéndome a chocolate.


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Puesta de sol en el templo de Debod (Graciela Horta)


Mi novia me recogió en la estación con verdadero júbilo. llevábamos semanas sin vernos aunque los dos somos del mismo pueblo. Yo no conocía Madrid y ella pretendía enseñármelo en un fin de semana: "Te voy a llevar a ver la puesta de sol a un sitio mágico. Ya verás Manolo ¡Vas a alucinar!.
Enganchado de su brazo , me paseó por la capital como  una perfecta cicerone. Comimos de tapeo por las Cavas y sesteamos bajo un árbol del Retiro sobre mullido césped .
Al caer la tarde nos acercamos al templo de Debod desde donde ella quería hacerme ver caer  la bola de fuego tras el horizonte: ¡El sitio mágico!.
Nos sentamos en los escalones esperando el milagro. Un poco más allá estaba una chica guapísima con unos shorts y una minúscula camiseta bailando el aro: Ora en la cintura, ora en el cuello, ora en las piernas o en los tobillos. Me quedé mirándola embobado hasta perder la noción del tiempo: sus movimientos me fascinaron.
Me asustó la voz de mi novia: "
-Has visto Manolo) ¿No es una maravilla?
-¿Qué? . Le contesté asombrado 
-Te lo dije: la Puesta de Sol del templo de Debod es mágica.  ¡Te has quedado mudo!.
-¡Ah!... sí , claro... ¡Mágica!... la Puesta de Sol.

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Angel Wagenstein, El Pentateuco de Isaac   (María José Castillejos)

La obra cuenta la vida de un judío de la región de Galitzia, perteneciente al Imperio Austro-Húngaro en el comienzo de la novela, en concreto al pueblo de Kolodetz, cerca de Drogobich, un territorio que pasa a pertenecer a Polonia, tras la Gran Guerra, y después pertenece al Tercer Reich, a la URSS y a Ucrania. El narrador de nuestro relato, Isaac Jacob Blumenfeld, acaba instalándose en Viena después de un largo periplo por guerras, campos de trabajo y de concentración.
Veo a este personaje como un viejo sabio, en el sentido de la sabiduría de la vida, que con gran sentido del humor va desgranando a través de las extraordinarias páginas del relato, una filosofía propia, caracterizada por virtudes como el pacifismo:
“Es que los jóvenes son tontos y creen que cuando los enrolan bajo la bandera es porque por fin les reconocen cualidades y méritos en los que hasta entonces nadie había reparado. No saben que en el cuartel pierden los pocos méritos y cualidades que tuvieron alguna vez”.
En otro capítulo dice:
“Y cuando  termine la guerra y los labriegos vuelvan a arrastrar sus arados, en el campo relucirán los huesos, los nuestros revueltos con los no nuestros y nadie sabrá en nombre de qué emperador ni de que Dios habréis perecido. Dicen que a estas alturas nuestra querida patria austro-húngara ha dado más de un millón y medio de víctimas. Son un millón y medio de muchachos que no regresarán a sus casas, un millón y medio de madres que no volverán a ver entrar a sus hijos por la puerta; un millón y medio de novias que jamás se acostarán con ellos para concebir y dar a luz en paz y biniestar”.
Me gusta la fiel descripción que hace de la realidad de los judíos en ese entorno concreto, Kolodetz, antes de la Gran Guerra.
Cuando va desgranando los acontecimientos tan terribles que tuvo que vivir, él y millones de europeos, se puede pensar que sin ese sentido del humor del que hace gala, sería muy difícil sobrevivir al siglo XX como judío.
Por otro lado, creo que refleja bien la importancia que tiene la familia para los judíos: su boda con Sara y como tienen rápidamente un hijo. La felicidad que le aporta la familia, le hace ratificarse en su anhelo de paz:
“Yo, feliz con mi Sara entre los brazos, acabé por darme cuenta de que los pueblos (el judío, el polaco, y hasta los bosquimanos del desierto de Kalahari), todos fuimos creados por Dios, bendito sea su nombre, para que nos quisiéramos y no para que lucháramos los unos contra los otros. Este era el verdadero final de mi guerra y el principio de la gran paz que firmé en mi corazón con todos los seres humanos, ojalá les alcance la bendición de Él”.
Me parece muy interesante el contraste entre la narración de hechos cotidianos, como cuando encargó una mesa más grande porque ya eran muchos de familia con el nacimiento de su segundo hijo y de su hija Susana, -momento que aprovecha para una simpática digresión sobre los apellidos judíos-, y el relato de las situaciones tremendas que le toca vivir, la Segunda Guerra Mundial, los campos de concentración donde pierde a toda su familia.
Me gusta también cuando cuenta cómo los que ocupan algún cargo en el pueblo, cuando llegan los soviéticos, cambian de chaqueta rápidamente y se sitúan en los cargos nuevos, el que había sido rabino pasa a ser presidente del Club de Ateos beligerantes; el alcalde Woitek, pasa dirigir la oficina del Registro Civil, hasta el dueño de la cafetería del pueblo, obtiene plaza de consejero de Cultura.
Durante el gobierno soviético, describe muy bien la autocrítica que tenía que hacer cualquier ciudadano a la menor “desviación”, ante sus conciudadanos:
“Me imagino que sabes que es la autocrítica. Es degollarte en un acto público, desollarte solito y entregar a los presentes tu propia piel enmarcada, o dicho en términos bíblicos, cubrirte la cabeza de cenizas y desgarrarte la camisa hasta que la gente que está en la presidencia decida intervenir...”
Hace una interesante reflexión sobre cómo las dictaduras, en concreto la de Stalin, son capaces de secuestrar las conciencias de los ciudadanos, la conciencia colectiva, y acabar con la libertad y el espíritu crítico:
“También te equivocarías si le das crédito a la prensa antisoviética de entonces que afirmaba que todo el pueblo aborrecía a Stalin... la gente entraba en combate y moría con su nombre en la boca. Muchas veces las últimas palabras de los condenados a muerte por orden expresa de Stalin, eran de alabanza a él. No sé si se trataba de una demencia colectiva, pero estos son los hechos”.
Me encanta el relato del comienzo de la invasión nazi cuando van en el tren, la llegada a Leópolis y la descripción de la ciudad invadida:
“Desde el interior de una tienda de zapatos quemada y con los escaparates rotos, un teléfono no dejaba de sonar con desesperación. En medio de la avenida, como preparado para un concierto solemne, vimos un piano de marca Petroff”.
Hay historias divertidas como la que tiene lugar en el campo de trabajo cerca de Brandeburgo con el Nabillo y la Walkiria.
Para mí una de las cosas mejores de la novela son los sermones del rabí Samuel Bendavid. He elegido como ejemplo el que habla de la caja de herramientas que era una radio en el campo de trabajo nazi:
“Esta caja de herramientas representa la superación del miedo, la resistencia contra las tentaciones del conformismo. Es una protesta contra la resignación de los esclavos. Los tres arrestados y el conductor del tren han sembrado la esperanza. Porque ¿qué otra cosa es la diminuta emisora de radio hecha a mano y enterrada en el coque comparada con la potestad de los ejércitos? ¿Quieres que te diga qué cosa es? Es la terquedad del esclavo, un reto frente a la fuerza desalmada del acero que dispara. Es nada y lo es todo: es hacerle al Führer un corte de mangas, pero también el ejemplo que los débiles necesitan para creer que el mundo puede cambiar”.
 Ya en el Libro Quinto, en el capítulo primero, una desgarradora diatriba contra los países de Occidente que apoyaron a Hitler y luego tuvieron que luchar contra él, o cuando se pregunta:
“¿Dónde se encuentran aquellas 17 toneladas de oro obtenidas solo en el campo de concentración de Auschwitz a base de anillos de boda, muelas, prótesis, etcétera, incluidos los pendientes en forma de trébol de cuatro ojas que debían traerle suerte a la pequeña Luisa Weisberg en su tercer cumpleaños? Me gustaría preguntar dónde se encuentran”
Un momento muy emocionante para mí es cuando sube con la enfermera norteamericana a una cima en Salszburgo y ven enfrente la casa de Stefan Szweig. Ella le dice que el escritor se suicidó en Brasil y él contesta que el judío es el pueblo con menos homicidios y con más suicidios, debido al descontento consigo mismos...

Merece la pena leer el principio del capítulo 8 del Libro Quarto:
“El rabí Bendavid y yo nos abrazamos y lloramos. Eramos dos sombras que alguna vez fueron personas. De nuestros esqueletos colgaban los harapos que alguna vez fueron ropa. Detrás de la cerca un soldadito americano vomitaba: en su tierra de Oklahoma no había visto montones de cadáveres humanos a medio quemar, humeantes todavía. Quizá en aquel mismo instante en Treblinka, Auschwitz o Majdanek vomitaban soldaditos soviéticos que se habían creído las palabras de Máximo Gorki: “¡Cuánto orgullo encierra esta palabra, “hombre”!”.