sábado, 27 de septiembre de 2014

Tertulia de Julio

La Rubia de los ojos negros 



“Arranca la década de los 50, Philip Marlowe se siente tan inquieto y solo como siempre y el negocio vive sus horas bajas cuando irrumpe en su despacho una nueva cliente, Clare Cavendish, la rica heredera de un emporio de perfumes, pretende que Marlowe encuentre a un antiguo amante, un hombre llamado Nico Peterson”(sic9.

Alguien ha dicho que Banville (John) obtiene distinciones y que su alter ego, Black (Benjamin) gana más dinero. También se ha dicho que  Black le da la oportunidad de empreder tareas “más ligeras” que aquellas que lleva a cabo Banville; que el artista (Banville) se libera de sus altas metas y pasa a ser artesano (Black). Si la lectura y, por supuesto, la escritura dan la oportunidad de vivir otras vidas, John Banville goza de ese privilegio al desdoblarse en dos escritores de géneros tan distintos y, en este caso, en otro desdoblamiento, se transforma esta vez en un tercer escritor, Raymond Chadler, creador de la figura de Philip Marlowe. ¿Por qué lo ha hecho? ¿por qué ha escrito “La rubia de ojos negros? ¿Un reto? ¿Un acto de generosidad? Cualesquiera que hayan sido sus motivos está muy claro que le ha divertido hacerlo. Se nota.

Policíaca, de corte clásico, y también romántica, la novela está llena de ironía (“una pipa es un artículo muy útil cuando quieres parecer inteligente y reflexivo”); de bellas imágenes (“Me bebí… ajeno a la noche que crecía en la ventana”); de detalles descriptivos de personas (“Clare Cavendish es una de esas personas a quienes el mundo protege de sus horrores); o de paisajes y momentos (“… el océano con sus largas olas perezosas, las lavanderas correteando en la arena y, en el horizonte, la chimenea de un barco dejando tras de sí un blanco penacho de humo…). Buenas y certeras descripciones con sólo dos pinceladas: economía de medios; lirismo (“el alcohol extendía lentamente su calor en mi interior como la luz del sol desplazándose por una ladera en verano”). El ha dicho de sí mismo: “Soy un poeta que escribe en prosa”.

Representado en el cine por Robert Mitchum o Humphry Bogart, - en mi opinión tiene más en común con este segundo actor por esa mezcla de dureza y dulzura que exhalan los personajes por él representados) – El detective privado Philip Marlowe es un personaje cínico, que está de vuelta de todo, sentimental, desconfiado, incorruptible e íntegro, generoso, duro, un poco filósofo, solitario, amante del alcohol y de las mujeras bellas y exquisitas…

Según los lectores de Novela Negra (como Nieves), Black es totalmente fiel al original, aunque el genuino Marlowe es más duro y áspero. Philip se enamora de Clare (la mujer de ojos negros) como un colegial y ese amor le duele: “…no estaba lloviendo, tan sólo lo parecía a mis ojos”. De nuevo, Marlowe fracasa en el amor. Desamor que parece ser una característica común a todos los detective privados de ficción porque, además, éstas diosas manipuladoras sólo existen para ser adoradas.

Hay a quien la novela negra le parece un género interesante y entretenido aunque menor (Vicky) quizá porque su estructura, sus elementos se repiten y aparentan ser muy rígidos. El género se enriquece mucho cuando la realidad está de fondo. A otros, esta novela les resulta aburrida, pesada, agobiante, reiterativa y tediosa (Graciela); o llena de personajes poco creíbles y situaciones forzadas (Mª Eugenia). Mercedes, a su vez, considera que el ritmo de la novela decae hacia la mitad del relato y luego remonta. Para ella el protagonista, Marlowe, tiene que ser así y es perfecto.

“Yo no distingo entre las novelas mías, si son buenas o no. Siento vergüenza con las novelas de Banville que intentan lograr la perfección pero no lo consiguen. Me da nauseas ver los errores. Si eso me pasa con Banville, imaginen con Black” (sic)



En el apartado lecturas, Mercedes leyó un conmovedor poema de Miguel Hernández dedicado a su mujer y recitó, en recuerdo de su propia infancia, el divertido poema anónimo “A veinte leguas de Pinto”. Nieves, a su vez, recitó un poema de Luis Alberto de Cuenca dedicado a Edgar Alan Poe, mientras que José Antonio se hizo eco de las emocionantes palabras de la poeta Belén Reyes en honor de “Gloria Fuertes que estás en los cielos.



EL LIBRO ELEGIDO PARA LA PRÓXIMA TERTULIA DEL 29 DE AGOSTO ES: “En la Orilla” de Rafael Chirbes.







Perdonadme por tardar tanto en enviar la crónica de la última tertulia. Espero que no siente un precedente este retraso, pero estoy desbordada.

¡Feliz verano y muchos besiños!

Vicky